Pese a los tratamientos existentes, la Lepra continúa infectando a miles de personas cada año, especialmente en países que carecen de recursos, y aunque se realizan investigaciones, pocos laboratorios le dedican medios.
Lepra.
Pese a los tratamientos existentes, la Lepra continúa infectando a miles de personas cada año, especialmente en países que carecen de recursos, y aunque se realizan investigaciones, pocos laboratorios le dedican medios.
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Se trata de una patología a veces considerada vergonzosa, que tiene el triste privilegio de ser una de las 20 enfermedades tropicales que la Organización Mundial de la Salud (OMS) considera desatendidas. Causada por el bacilo Mycobacterium leprae, esta enfermedad transmisible ataca la piel y los nervios periféricos, con secuelas potencialmente muy graves.
En 2022 se detectaron unos 216.000 casos de lepra en todo el mundo, en especial en Brasil e India, según la OMS. En tanto, esta persiste como "un problema grave" en 14 países de África, Asia y América Latina.
Las cifras podrían ser solo la punta del iceberg, según el médico Bertrand Cauchoix, especialista en la enfermedad de la Fundación Raoul Follereau, en Francia. "Conocemos el número de pacientes cribados, pero no contamos los olvidados, los no detectados que podrían ser mucho más numerosos", explicó.
La enfermedad, favorecida por la promiscuidad y las condiciones de vida precarias, tiene como particularidad un período de incubación muy largo, de pocos años a 20 años, a lo cual se agrega una demora en el diagnóstico, durante el cual se puede continuar infectando a las personas cercanas.
"Se necesita infraestructura con cuidadores para dispensar los medicamentos, eso requiere recursos", aseguró Alexandra Aubry, profesora de biología y especialista en lepra del Centro de Inmunología y Enfermedades Infecciosas (CIMI) en París.
Desde hace décadas existe un seguimiento médico a base de tres antibióticos. Sin embargo, estos son donados por la fundación del laboratorio suizo Novartis, que lo fabrica a través de la Organización.
Por ello, Bertrand Cauchoix apunta a "un riesgo de tensiones muy grandes" en caso de haber problemas en la línea de producción de esos antibióticos. En términos generales, los laboratorios farmacéuticos no se esfuerzan en producir nuevas moléculas que serían más fáciles de administrar. "No hay dinero para la lepra, solo donaciones caritativas", lamentó Cauchoix.
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