La fotógrafa argentina Irina Werning logró un premio importantísimo por fotografiar durante 17 años largas cabelleras de niñas adolescentes de América Latina. Irina obtuvo el galardón mayor en el concurso World Press Photo (de gran prestigio internacional en fotoperiodismo y fotografía documental), en el que se consagró tras reflejar la imagen de una niña que prometió cortar su extenso pelo cuando pudiera volver a clases, luego de la pandemia de coronavirus, y en la que se muestra el paso del tiempo, producto de una espera que parecía interminable.
Haciendo mención al galardón que la tuvo como protagonista en la categoría “Historias”, la fotógrafa argentina de 46 años describió que “ganar este concurso es como un sueño para alguien que cuenta historias”. Irina capturó durante cuatro años una serie de imágenes del cabello de Antonella Bordón, de 12 años, con la iniciativa bautizada como “La promesa”.
Tal como lo reflejan las imágenes, en una de ellas, la niña posa con una pierna en una silla y otra, en una mesa, para mostrar cómo su larga cabellera le llega a pocos centímetros de los tobillos. En otra foto, Antonella bosteza acostada y rodeada de pequeñas trenzas que parecen crecer como ramas, mientras se abraza a un libro de Castellano; retratada de espalda, aparece con su cabello recogido en pequeños tramos, formando imágenes romboidales; y en la terraza del edificio, el cabello aparece como una enorme frazada que cuelga de una soga de ropa, dejando asomar apenas el rostro de la niña, entre la abundante y majestuosa cabellera.
Con esas fotografías, publicadas por Pulitzer Center, el jurado consideró que las imágenes de Werning reflejaban una forma de resistencia y muestra el valor del cabello a través del mundo.
Hija de padres paraguayos, Antonella, siempre cuidó con suma dedicación su cabello, junto a su madre y su hermana, quienes residen en un departamento muy pequeño de apenas 30 metros cuadrados del conurbano bonaerense, y en el que fue un enorme desafío vivir puertas adentro, durante los casi dos años de encierro en pandemia.
El inicio de su atracción por las mujeres con cabello largo
Ocurrió cuando fue a Londres, donde vivió durante ocho años y donde trabajó como socióloga, luego de estudiar Economía en la Universidad de San Andrés y de hacer un master en Historia en Buenos Aires. Estas experiencias de vida y de viaje se sumaron a las vivencias de mochilera que hizo viajando a Asia y Medio Oriente.
En ese sentido, Werning precisó que “entre los 20 y los 30 años observé mucho el mundo exterior, viajando como mochilera; a los 25 me fui a India, donde estuve dos años, durmiendo en hamacas paraguayas, comiendo lo mínimo y gastando solamente 200 dólares al mes. En Londres y el resto de Europa es rarísimo ver chicas con pelo largo, por eso entendí que tener el pelo largo era una costumbre muy latina, relacionada con nuestras raíces, con la cultura híbrida e indígena de América Latina”.
De tanto indagar sobre las culturas indígenas, la mujer indicó que “había algo de la sabiduría ancestral y de una fuerza invisible relacionada con ritos, que van pasando de una generación a otra, como la creencia de que el cabello es una extensión de las ideas y solo se corta cuando alguien muere en una comunidad”.
Y tras esa curiosidad, Irina comenzó a incursionar en esta aventura hace 17 años con el proyecto personal “Las Pelilargas”, al que destinó todo su dinero para buscar y fotografiar mujeres de diferentes comunidades latinoamericanas. “Pongo anuncios en los periódicos, en Facebook, dejo anuncios en los negocios de las ciudades olvidadas, confío en el boca a boca y a veces organizo concursos de pelo largo para encontrarlas”, recordó.
Así fue que dio con Antonella, a quien empezó a fotografiar desde el 2018, continuó en plena pandemia y finalizó la serie de imágenes en septiembre de 2021, compartiendo momentos de alegría e incertidumbre, generados por la pandemia. “Después de fotografiar y jugar con su pelo durante 6 meses en pleno encierro, un día me miró a los ojos y me dijo ‘prometo cortarme el pelo cuando abran de nuevo las escuelas’”, remarcó.
Las palabras de Antonella fueron una promesa, una forma de ofrecimiento de su tesoro más preciado al universo para volver nuevamente a la vida escolar y recuperar sus amigos y su rutina de mochilas y pizarrones.
“Tenía desesperación por volver al colegio; los niños encuentran magia porque la buscan, la magia estaba en esta promesa que hizo para poder volver y eso me emociona mucho” manifiesta Werning quien considera que “la pandemia acentuó la desigualdad en los países de América Latina”.
“La educación es reflejo de las posibilidades económicas y, durante la pandemia el acceso a la educación a través de la virtualidad, no fue igual para todos, porque la gente más vulnerable no pudo acceder a la educación”, dice la fotógrafa y afirma: “La virtualidad es buena, pero no llega a la gente que más lo necesita”.
En el caso de Antonella, “la educación era prioridad número uno en su familia, la madre destinó su celular a que su hija pudiera acceder a los contenidos, y eso no sucede en todas las familias, no todos los padres pudieron estar al lado de sus hijos insistiendo para que se conectaran, lo que llevó a la desigualdad”, agrega.
El proyecto por el que resultó premiada junto a otros fotógrafos de 23 países la llevó la semana pasada a la localidad boliviana de Cochabamba, donde las niñas y adolescentes recogen sus largas cabelleras en trenzas. No obstante, la fotógrafa dice que el hábito del cabello largo está desapareciendo debido a la globalización que impone nuevas tendencias: “viajo mucho al norte y los peinados modernos con parte de la cabeza rasurada se imponen, y hacen que los cabellos largos se vayan perdiendo”, lamenta.
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