Si a eso se le suma la manifiesta falta de capacidad edilicia y el mal estado de muchos establecimientos educativos (fue ésta una de las razones que complicó y retrasó el normal inicio del ciclo lectivo en varias provincias) entonces cabe algún cuestionamiento a la seriedad de las autoridades en este tipo de decisiones.
La pregunta es -entonces- de qué sirve el «presentismo» si los alumnos prolongan por largas horas un recreo (por no decir que perderán el día) sin tener acceso más que a la comida, que aunque es imprescindible para muchos alumnos argentinos, no tiene incidencia educativa. Tampoco se entiende lo que señala la ministra de Educación de Córdoba, Amelia López, cuando afirma que es una «buena medida ante el ausentismo» que de antemano da por hecho consumado.
Tal vez lo más polémico es lo que destacó la funcionaria como positivo:
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