Roxana León, residente de la provincia de Neuquén, dio a luz a su séptimo hijo varón. Y, por un decreto de 1973, el recién nacido podría convertirse en ahijado del presidente de la nación.
Roxana León, residente de la provincia de Neuquén, dio a luz a su séptimo hijo varón. Y, por un decreto de 1973, el recién nacido podría convertirse en ahijado del presidente de la nación.
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Emir nació por parto natural a las cuatro y media de la mañana con 3,040 kilos y con buen estado de salud. La mujer neuquina es madre de Sergio de 24 años, Kevin de 22, Alex de 14, Yandel de 11, Yamil de 7 y Leonel de 3 años.
Cuando el embarazo de su séptimo hijo, en el hospital que la atendían le informaron de la existencia de la ley de padrinazgo presidencial.
El pedido ya fue hecho de manera formal y, desde el gobierno, ya iniciaron los trámites para que Alberto Fernández se convierta en el padrino de Emir.
Se trata de un decreto del año 1973 que establece que el séptimo hijo del mismo sexo de una madre debe ser apadrinado por el presidente.
Según explica la norma, "el Padrinazgo Presidencial consiste en el otorgamiento de una medalla de oro recordatoria, cuyas características serán establecidas, con carácter general, por la Dirección General de Ceremonial y Audiencias de la Presidencia de la Nación".
El origen de esta ley se debe buscar en una antigua tradición rusa que dictaba que el séptimo hijo varón de una pareja era un hombre lobo y la séptima hija mujer una bruja. Por ese motivo, en la Rusia zarista se le otorgaba el padrinazgo imperial a los séptimos hijos del mismo sexo entendiendo que eso les daría protección y evitaba que los niños sean abandonados.
Con la migración, llegaron familias rusas a Argentina y con ellas vinieron también sus costumbres. Como se explica en los considerandos de la ley, "en el año 1907 el entonces Presidente de la Nación, doctor José Figueroa Alcorta, accedió al primer pedido de padrinazgo solicitado por un residente en el país, de nacionalidad rusa".
Que desde entonces, invariablemente, todos los mandatarios accedieron a otorgar su padrinazgo hasta convertirse este acto en costumbre tradicional y por último en normativa nacional.
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