Por Ricardo Oliveros.- La tragedia aérea de los helicópteros que provocó la muerte de los dos pilotos y los ocho ciudadanos franceses sorprende y estremece por el saldo fatal de todas las víctimas.
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Cada vez con más frecuencia existen imágenes de accidentes como el de Villa Catelli, La Rioja. El video aficionado mostró con elocuencia de qué manera se produjo el siniestro, material que servirá para los investigadores como prueba importante además de las pericias que se realicen con los restos recogidos.
Bien vale para el análisis tener en cuenta tres palabras: Vuelo en Formación.
¿Por qué traemos este concepto? En primer lugar porque ambas aeronaves y los diez tripulantes iban desde una misma procedencia a un mismo destino. Todos ellos estaban afectados al programa televisivo. Entonces surge como idea de que ambos pilotos debían acordar previamente de qué manera iban a realizar la corta travesía. Había pues dos opciones, se mantenía una distancia prudente en tiempo y espacio o se realizaba el vuelo en formación. Todo hace pensar en que este acuerdo previo al vuelo estuvo ausente o de manera tácita como muchas veces se suele incurrir.
La cercanía de los helicópteros permite imaginar que iban a volar juntos, es decir formados. Pero para realizarlo hay ciertas reglas de vuelo que no deben infringirse para evitar errores y pérdidas. La primera norma es establecer al líder y al numeral. El primero es quien dirige la formación mientras que el segundo (en este caso solo hay dos aeronaves en total) es quien vuela siguiendo las indicaciones y performances de su compañero.
El líder no vuela sólo pensando en sí mismo, lo hace pues, consciente en esas dos aeronaves como una unidad. Ordena, manda y establece todo lo que se realiza en el trayecto. El numeral no tiene iniciativa, copia, obedece. A tal punto que el horizonte ya no es lo que está delante sino en el otro aparato. A través de esa aeronave se ve el horizonte.
Cuando se realiza el vuelo en formación es importante que los aviones sean compatibles, quizá no tienen la misma performance pero sí que se ajusten uno al otro. En este caso los helicópteros siniestrados eran idénticos. Mismos fabricante, mismo modelo. Con lo cual eso no representaba dificultad alguna.
Si se decide hacer un despegue alternado, es decir primero uno y después el otro, cuando el numeral se inserta en la formación lo debe hacer anticipando su maniobra por radio y lugar establecido. En el video pareciera verse eso, que el segundo helicóptero se aproximaba al primero. Los dos volaban bajo y en una zona con variantes de altura en la geografía. Y lo que debía ser el acople prolijo y prudente terminó en lo que todos conocemos. Habrá que ver si los pilotos acordaron entonces estos roles de líder y numeral para que cada uno supiera lo que le correspondía, o por el contrario, nada se arregló y lo que parecía ser algo simple culminó en tragedia. Hicieron cada uno lo suyo sin ese rigor.
El impacto entre las dos aeronaves se agravó por el hecho que ambas dañaron su rotor principal y de cola y a baja altura. Sin contar con estos elementos, es prácticamente imposible resolver una emergencia.
Cuando se produce una falla mecánica el helicóptero tiene la posibilidad de realizar una auto rotación que permite posar sin problemas a la aeronave en tierra. El rotor de cola es quién impide que el helicóptero gire de manera alocada por el torque del motor. Dañado entonces ambos rotores desaparece dicha prestación y se vuelve ingobernable.
Lo que nada hacía suponer que iba a ser un vuelo riesgoso terminó en tragedia. A simple vista - restan los resultados de los peritajes finales de la investigación - hay un error en ese vuelo de formación que no parece haberlo sido en la teoría pero sí en la práctica. Hubo reglas que no se cumplieron y el saldo fue lamentablemente muy caro.
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