El fiscal general del cantón de Ginebra (Suiza), Bernard Bertossa, que el lunes anunció profusamente que se habían incautado dos cuentas por u$s 10 millones a nombre de Carlos Menem -luego lo negó ante una agencia de noticias alemana sin mayores precisiones-renunció ayer a su cargo de la misma manera que lo hubiera hecho un par sudamericano: por los diarios y apareciendo como víctima de una conspiración del poder económico internacional. No es casual que le haya echado la culpa al premier italiano Silvio Berlusconi, que encabeza una coalición de centroderecha ubicada en las antípodas del pensamiento ideológico del suizo, quien al igual que su par Carla del Ponte; el italiano Di Pietro; el español Baltasar Garzón; los franceses Eva Joly, Jean de Maillard y Renaud Van Rymbeke y el belga Benoit Dejemeppe conforman la avanzada anticorrupción de la Justicia europea.
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Sin embargo este sesgo ideológico de Bertossa -fue elegido por el Partido Socialista suizo en 1990 y es uno de los espejos en que quiso reflejarse fugazmente el argentino Adolfo Bagnasco cuando estuvo en la cúspide de su fama con la investigación del negociado informático de IBM con el Banco Nación, y quien al igual que el fiscal ginebrino renunció después de haberse excedido en el uso de los medioshizo que sus críticos le repro-chen que sólo buceó en los sospechados negocios de Augusto Pinochet de Chile, Raúl Salinas de Gortari, hermano del ex presidente de México, el ex intendente de Sao Paulo (Brasil) Paulo Maluf, Vladimiro Montesinos de Perú, Pavel Borodin (mano derecha del ex presidente ruso Boris Yeltsin) y otros tantos dirigentes de la derecha política sospechados de tener cuentas en bancos suizos y, generalmente, pertenecientes o vinculados a regímenes militares.
• Reproche
Desde Buenos Aires, Oscar Salvi -el principal abogado de Menem-insistió ayer en reprocharle al fiscal suizo la misma exposición mediática que en su momento tuvieron los controvertidos Jorge Urso y Carlos Stornelli, que le pidieron que investigue la presunta existencia de cuentas bancarias a nombre del ex presidente argentino, de su ex mujer Zulema Yoma; de su hija Zulemita o de su secretario privado, Ramón Hernández. Para Salvi, «cuando se aclare que todo eso no tiene nada que ver con la venta de armas, y que (Menem) no tiene u$s 10 millones, como están publicando en Suiza, le van a tener que pedir disculpas (al ex jefe de Estado). La información dice que hay dos cuentas congeladas en Suiza, no que sean de Menem», se defendió el abogado. Salvi, sin pelos en la lengua, atribuye estas informaciones a campañas políticas nacidas del mismo sector ideológico que Bertossa, a quien emparenta con organismos de derechos humanos. En ese punto relaciona al juez Claude Wanger, que dijo en el pasado haber descubierto una cuenta de Zulema Yoma y Zulemita Menem -ambas lo negaron totalmente pese a que las informaciones indican que se trata de un depósito de la década del '80, cuando el riojano aún no era presidente-con una exiliada argentina que habría pertenecido a la organización Montoneros y que está en estrecho contacto con otros exiliados argentinos en Suiza, incluidos periodistas, que «activan contra Menem». En ese punto también sostuvo que oficialmente las autoridades de ese país nunca confirmaron la existencia de tales depósitos a nombre del ex presidente o sociedades de su pertenencia.
• Rebeldía
De todos modos, Bertossa no renunció ahora sino que lo hará en mayo, cuando concluya su segundo período ya que en Suiza jueces y fiscales son elegidos por votación popular y tienen mandato fijo de períodos de tres años. Ante las críticas por la presunta inclinación ante los antecedentes políticos de sus investigados sostuvo que «siempre actuó del mismo modo, sean cuales fueran las personalidades acusadas en su país, sea cuál sea su tendencia política o su Estado». Sin embargo, aclaró inmediatamente que «su rebeldía sigue intacta (e incluso) aumentó esta situación escandalosa en la que numerosos hombres o mujeres de Estado sólo conciben su papel político como una forma de enriquecerse personalmente, siempre en detrimento de su propio pueblo». Si bien no anticipó su futuro, no se descarta que siga el mismo derrotero de Garzón: se dedique a la política aunque con mejor destino que el espa-ñol que debió retornar a la Justicia para irritación del ex premier socialista Felipe González que lo había llevado al poder y terminó acusándolo de «traidor».
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