15 de diciembre 2003 - 00:00

"De la Rúa no mandó pagar" (arrepentido)

Mario Pontaquarto involucró a más personas en los presuntos sobornos en el Senado en 2000, datos que Aníbal Ibarra y el ex legislador Daniel Bravo pactaron no revelar para «no entorpecer la causa». Eduardo Menem es otro de los legisladores a los que acusa el nuevo denunciante, quien se conoció con el jefe de gobierno hace diez días. «Hay más detalles en la declaración de Pontaquarto», aseguran tanto el jefe de gobierno porteño Aníbal Ibarra como el ex legislador de la ciudad de Buenos Aires, Daniel Bravo, quien actuó de nexo para la denuncia del radical respecto a los presuntos sobornos en el Senado para sancionar la ley laboral durante el gobierno de Fernando de la Rúa.

Se refieren a que ninguno de los dos narró en público la versión completa del ex secretario parlamentario del Senado. Dicen que por «no entorpecer la causa» se guardan esos detalles y la identidad de quiénes pueden ser los próximos arrepentidos («Pontaquarto cree que los habrá»), además del empleado -de Remo Constanzo- quien, según la denuncia, habría sido testigo de la presunta maniobra del pago de sobornos.

«Eduardo Menem no cobró él, le tiraron el sobre en su despacho, espero que lo haya dicho en el expediente judicial»
, confió Ibarra a este diario, que le dijo Pontaquarto. Bravo, el hijo del fallecido socialista Alfredo, ayer no tenía manera de comunicarse con Pontaquarto, sólo esperaba a la media tarde un segundo llamado de su amigo. El primero se lo hizo una vez que declaró ante el juez y recorrió los canales de televisión con las repercusiones del caso. «El gobierno actuó bien en esto, también Ibarra», le transmitió el ex secretario del Senado, casa que compartió con Bravo -empleado del bloque UCR- desde 1983 hasta 1997, cuando el porteño asume su banca de legislador, cuyo mandato terminó el 10 de este mes.

• Almuerzo

Bravo la última vez que había visto a Pontaquarto -con quien comparte y también con Ibarra ya operó por la camiseta de River Plate- fue a los pocos días del fallecimiento de su padre, el 30 de mayo pasado, cuando le pidió que lo acompañara para hacer trámites para que los restos de su padre, Alfredo Bravo, fueran colocados junto a los de su hermana.

Después se hablaban, hasta que el 2 de diciembre pasado por llamado de Pontaquarto se juntaron a comer en El Carillón, cerca de la Legislatura porteña. «Y sí, casi se me atraganta la comida», confió Bravo que, cuando ocurrió el escándalo de las coimas había ido a una casa que Pontaquarto tiene en General Rodríguez con insistencia preguntándole si era cierto o no aquéllo. «Es quizá el único reproche que le hice durante el almuerzo, porque en aquella ocasión me negó totalmente que hubieran existido sobornos». La idea de consultar al jefe porteño se le ocurre a Bravo por «la confianza» que le inspira Ibarra, con quien colaboró en la campaña por su reelección ya no desde el radicalismo sino desde el ARI y más a título personal que partidario. Era una manera de encontrar un nexo con el gobierno para pedir seguridades. También quisieron consultarle sobre la idoneidad de Hugo Wortman Jofré, abogado de Pontaquarto, conocido de Ibarra. «Hay importantes novedades de los sobornos en el Senado», lo alertó Bravo a través del radiomensaje del jefe porteño, con éxito: a la hora le devolvió la comunicación. Ibarra no sólo no conocía a Pontaquarto sino que ni siquiera recordaba su cara de los medios. Lo fueron a ver el viernes 4 al despacho municipal. Tanto Ibarra como Bravo coinciden en que «estaba abatido por la culpa», que nunca les manifestó resentimiento por haber perdido el empleo y que «no se advirtió en ningún momento que quisiera perjudicar en especial a alguien, menos a De la Rúa, porque dijo que al ex presidente le hablaron de otras cosas que necesitan los senadores, no de dinero».

A esa altura el ex secretario parlamentario ya había concedido a una revista la nota de su confesión, que graba con acta de escribano mediante el lunes, después de pasar por la casa Ibarra a decirle que, tal como lo habían pactado, hablaba primero con su familia. El miércoles 10 Ibarra reasumió su mandato y en el hueco que les dejaban las fotos le anticipó a Alberto Fernández, quien participó de la ceremonia, que había un tema importante. Quedaron en reunirse al día siguiente, con la excusa de terminar de hablar de temas del gobierno porteño, tal como anticipó este diario, pero en realidad, Ibarra le anticipó a Fernández que al día siguiente querían verlo Pontaquarto y Bravo, a quien conoce el jefe de gabinete como compañero de banca en la Legislatura porteña. «El gobierno no tenía ni idea del arrepentimiento», aseguran los visitantes sobre la reacción de Fernández, quien luego se ocupó de satisfacer los pedidos del denunciante como traslado de su familia al exterior y posterior protección para él.

Bravo
, hasta que Ibarra defina en qué lugar de la ciudad ocupará un cargo que le tiene prometido desde la campaña electoral, volverá al Senado a retomar el puesto en el bloque radical.

Dejá tu comentario