Gladys Motta, secretaria de toda la vida del ex banquero y ex titular de la SIDE Fernando de Santibañes, negó ante el juez Rodolfo Canicoba Corral todas las afirmaciones del arrepentido Mario Pontaquarto acerca de haberle entregado 5 millones de pesos-dólares en abril de 2000 para lograr aprobar la ley de reforma laboral por presunta decisión del entonces presidente, Fernando de la Rúa, y del también en ese entonces ministro de Trabajo, Alberto Flamarique. El caso, así, vuelve al punto de partida: el juez Canicoba Corral no tiene nada firme porque quedaría la palabra del arrepentido contra la palabra de la secretaria Gladys. Hasta donde este diario pudo averiguar, también el propio afectado, Fernando de Santibañes, negaría tal soborno, rechazado inclusive por los senadores involucrados. En la declaración de la colaboradora del ex banquero, ayer hubo otros «detalles» significativos. Por ejemplo, ni Pontaquarto ni los fiscales pudieron aportar un papel que corrobore la presencia del «arrepentido» en la sede de la SIDE el día que, supuestamente, habría concurrido a retirar el dinero de las coimas. Lo que le mostraron ayer a la secretaria Gladys es un papel sin membrete, presuntamente de la SIDE, con una autorización de pase y con fecha 22 de agosto. Es decir, no es un documento del 18 de abril, que es el día que Pontaquarto dice haber ido a buscar el dinero a la bóveda del edificio de 25 de Mayo y Rivadavia. ¿Es la secretaria de De Santibañes la que firma como «Gladys» ese papel? ¿O había, como se supo ayer, otra Gladys, encargada de recibir correspondencia y controlar el acceso al área del secretario de Inteligencia? La rimbombante confesión de Pontaquarto comienza a deshilacharse. ¿En qué queda entonces este escándalo usado por el extremista sindical Hugo Moyano para exigirle al gobierno actual la eliminación de aquella ley híbrida -por tantas podas de elementos valiosos que se le hicieron- que sólo introdujo mínimas variantes favorables en la retrógrada legislación general laboral de Argentina? Tiende a creerse que ex funcionarios de la SIDE despedidos por De Santibañes durante su gestión allí pudieron haber armado un complot vengativo aprovechando a alguien propicio por estar sin ingresos y con resentimiento, como Pontaquarto, porque senadores a quienes él ayudó -a veces, para actitudes non sanctas- no lo ayudaron cuando Daniel Scioli, en el nuevo gobierno, lo exoneró del Senado por otra falla ajena a este caso: haberse apropiado de viáticos para un viaje no realizado y no haberlos devuelto. El extremismo sindical de Moyano -que ayer embistió también contra el presidente Kirchner- no cesará por esta negativa de Gladys Motta. Tampoco, los afanes del juez Canicoba Corral, al que ni siquiera le queda la chance de un careo entre Motta y Pontaquarto. Este es imputado y puede mentir lo que quiera porque la Constitución establece que nadie debe declarar contra sí mismo. Pero la testigo Gladys no puede porque es testigo y pasible de ser acusada de falso testimonio. El único careo útil sería entre De Santibañes y Pontaquarto o entre éste y senadores, porque todos son imputados, pero con el resguardo constitucional de poder mentir todo lo que quieran, por lo cual para el juez en su búsqueda de la verdad sólo quedaría el valor del «semblanteo» de culpables que pueda hacer.
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TRUCO: Los fotógrafos no pudieron registrar la llegada de la secretaria de De Santibañes a Tribunales, ya que se dejaron engañar por un señuelo: una ambulancia en la cual, supuestamente, viajaba Gladys Motta. En realidad, la testigo arribó en un auto particular y entró por una puerta lateral.
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La declaración de la mujer es un punto de inflexión en la causa.
Motta fue señalada por el «arrepentido» como
Motta llegó a las 9.50 a los Tribunales de Comodoro Py
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