Fue una declaración informal, pero de profundo contenido. En definitiva, traduce la filosofía que tiene esta Corte Suprema: «Hay que terminar con la imaginación que tienen los abogados para inventar desopilantes juicios para cobrar indemnizaciones». El comentario ocurrió ayer en el Salón de Té de la Corte Suprema, durante un brindis por el Día del Periodista. El tradicional cóctel feneció hace dos años, cuando Enrique Petracchi se fastidió por un reclamo que periodistas le hicieron por su incomunicación con la prensa.
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El santafesino Ricardo Lorenzetti recuperó con buenos modales ese hábito y, acompañado por su vice Elena Highton de Nolasco, levantó las copas para agasajar a la prensa y comprometerse a entablar un diálogo distinto y más fluido.
Hubo varios temas de conversación. El más interesante fue el caso del pescador que demandó a la Entidad Binacional Yacyretá y pretendía cobrar una indemnización porque la construcción de la represa lo dejó sin pique. La Corte rechazó esa queja y desestimó un supuesto «deber del Estado» de mantener determinada cantidad y calidad de peces en el río Paraná.
Los jueces supremos están molestos con la picardía de ciertos abogados que alientan la patria pleitera. Ayer, Lorenzetti dijo que la Corte tiene decidido «terminar con la industria del juicio». Incluso evalúan reclamar a los Colegios de Abogados que empiecen a sancionar a estos abogados oportunistas creadores de maniobras que rozan lo ilícito.
Mientras los jueces analizaban la curiosa demanda ictícola, hasta hubo quien intentó-ejercer presión sobre los jueces supremos. Por caso, desembarcaron en las puertas del Palacio de Justicia una decena de pescadores que se encadenaron a las rejas del tribunal pidiendo un fallo que reconociera su derecho a tener mejores peces o, en caso contrario, a cobrar la indemnización correspondiente. Alguien trajo a esos pescadores a la fría Capital porteña.
Reconocimiento
En una sala cercana al Salón de Té -denominada así porque en la década del 30 o 40 Sus Señorías acostumbraban en ese lugar y por la tarde a tomar esa infusión-se encuentra el Salón de los Embajadores. Ese recinto tiene historia. Pasó Lech Walesa, el príncipe Felipe de Borbón -cuando abandonaba la adolescenciay François Mitterrand, entre otros notables.
Departían allí varios secretarios de la Corte. Razonaban los asesores que amén de castigar a los jueces había que reconocer la tarea de muchos otros que trabajaban más de lo exigible.
A modo de autocrítica se admitía que el Poder Judicial padece de una crisis tremenda que costará superarla por la pesadez del sistema y porque carece de la dinámica electoral. Además no ayuda que la Justicia tiene una tecnología y una práctica de hace 200 años que acentúa su lentitud.
Como anticipo se señaló que este año la actividad de la Corte Suprema y del resto de los jueces estará centrada en elaborar un plan cuyo principal objetivo es la gestión. Esa labor está siendo fuertemente impulsada por Lorenzetti y ya está planificado un encuentro nacional de jueces.
Se comentó que existe en los tribunales una excesiva litigiosidad y que el mayor usuario es el Estado: la última crisis económica dejó 250 mil juicios contra el Estado y por no pagarles a los jubilados son 20 mil los juicios anuales que llegan al máximo tribunal de Justicia.
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