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Mayor asesino de la historia argentina quiere libertad tras 36 años de cárcel
Carlos Robledo Puch fue capturado en 1973 cuando tenía menos de 20 años.
Antes de cumplir 20 años ya había asesinado a 11 personas y la prensa lo calificaba de "bestia humana", "muñeco maldito" o "monstruo con cara de niño".
El último de los crímenes de Robledo Puch es recordado tanto por su ferocidad como por el error que llevó a su detención.
En 1973, luego de ingresar en una ferretería con fines de robo y de matar a quien custodiaba el local, discutió con su cómplice y lo asesinó de un disparo.
El asesino quemó la cara y las manos de su secuaz con un soplete para evitar que lo identificaran, pero olvidó sacarle sus documentos de identidad.
El nombre de Héctor Somoza llevó a la policía directamente hasta Robledo Puch, destacan las crónicas de la época.
En julio de 1973, el criminal se escapó de la cárcel, pero dos días después fue encontrado y apresado en un bar.
En el penal de Sierra Chica, donde está alojado en un pabellón para homosexuales, todavía se recuerda uno de los brotes psicóticos que padeció en 2001, cuando disfrazado con unas antiparras y una capa y asegurando ser Batman quemó un taller.
También quedó en la memoria colectiva algunas de las frases que pronunció cuando fue juzgado.
Al recordar el primero de su crímenes, un atraco a una discoteca en 1971, se hizo mención a que había matado a dos custodios mientras éstos dormían.
"¿Qué querían, que los despertara?", se preguntó Robledo, quien alegó haber cometido su saga de asesinatos porque "a los 20 años no se puede andar sin auto ni plata".
"Esto fue un circo romano. Algún día voy a salir y los voy a matar a todos", fueron sus últimas palabras ante el tribunal de la localidad bonaerense de San Isidro que lo condenó.
Después de ocho años de haber quedado en condiciones de pedir su libertad condicional, el asesino parece decidido a cumplir unos de los deseos que expresó detrás de las rejas: "no quiero morir en prisión".


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