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El problema de las sumas de gastos reservados que se asignan en la SIDE a pagos de sueldos es histórico y promete complicar a muchos funcionarios si algún magistrado inquieto (por lo que se sabe, Galeano está inquieto) comparara las cifras publicadas por el Ministerio de Economía para el presupuesto de ese organismo con los aportes por jubilación que se realizan en la Caja de la Policía Federal, que es donde revistan los espías. Como publicó este diario en su momento, si lo que se justifica como gastos en personal fuera verdaderamente canalizado hacia ese destino, habría empleados de la SIDE cuyos sueldos habrían llegado a un promedio de $ 8.000.
Morin comenzó a preguntar por estas sumas y por el destino de aquellos $ 100 millones una vez que Gustavo Béliz, su padrino, abandonó el gabinete. En la Jefatura de Gabinete supusieron siempre que el afán inquisidor del fiscal se debía a que, con la ausencia de Béliz, quedaría en el limbo la promesa de convertirlo en juez federal que se le había formulado. Sobre todo porque el cargo al que aspiraba ya fue ocupado por el ganador impecable de un concurso, el camarista Eduardo Freiler.
En vez de explicarle que lamentablemente ya no podría convertirse en magistrado y que cualquier incumplimiento debería reprocharlo en el domicilio particular de Béliz, el gobierno resolvió satisfacer el afán de Morin por hacer justicia. Se inventó un ardid:él había participado de un concurso para ocuparun cargo de juez nacional, al que había renunciado saboreando el cargo federal que, al final, cubrió Freiler. Con ese concurso como argumento, los peronistas del Senado recibieron la orden de convertirlo en juez. Se trató de una carrera contra reloj: la aprobación del pliego debería llegar antes que la comparecencia de Morin ante Galeano. El miércoles pasado, los legisladores oficialistas no consiguieron los dos tercios para tratar el acuerdo sobre tablas, por lo que Morin llega hoy a los tribunales de Comodoro Py con una nueva promesa incumplida.
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