Dice la Dra. Elizabeth Kubler Ross, psiquiatra experta en tanatología: solo cuando conocemos que tenemos un tiempo limitado en la Tierra, y que no sabemos cuándo se acaba, entonces comenzaremos a vivir al máximo cada día, como si fuera el único que tenemos. La muerte es simplemente un desprendimiento del cuerpo físico, como la mariposa que sale de un capullo, -y concluye- es como quitarse el abrigo de invierno cuando llega la primavera. Lo contrario a la muerte no es la vida, sino el nacimiento, la creación. La vida, biológicamente hablando, es esa porción de tiempo que transcurre entre dos procesos: el principio y el final. Ni más ni menos que la existencia. Nuestra existencia.
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El mes pasado, en una nota que le realizamos al Dr. Mario Sebastiani nos comentaba con un lenguaje sencillo y desdramatizado, sobre la importancia de hablar de la muerte cuando aún estamos vivos y tenemos posibilidades de decidir, de poder dar directivas anticipadas, si esa es nuestra voluntad y, de alguna manera, animarnos a plantear cómo queremos morir, o por oposición, como no queremos morir. La gran angustia del ser humano reside en el hecho de saber de antemano su destino último y tal vez muchas motivaciones religiosas se expliquen desde ese aspecto, el de calmar esa angustia. Los cuidados paliativos, que no son precisamente herramientas para prolongar la vida artificialmente, se ponen en funcionamiento para acompañar desde el ser humano a la persona que presenta una enfermedad con un final cercano inexorable: la muerte. Sin eufemismos. Esta práctica médica provee de asistencia activa a personas de todas las edades con sufrimiento severo, provocado por una enfermedad grave, y especialmente destinada a quienes están cerca del final de la vida. Su objetivo es mejorar la calidad de vida de esos pacientes y de sus familias. Calidad, no cantidad. Y vida, como ausencia de sufrimiento. El paciente terminal es una persona que comienza el camino final de su biografía. Por eso es necesario ayudarla a encarar ese viaje definitivo con la menor cantidad de ropaje posible, en armonía, en paz y bienestar, con la mochila descargada y reconciliado con su pasado. Sin cuentas pendientes y rodeado de sus afectos. Que pueda mirar hacia atrás y ver que todo valió la pena ya que morir no es un fracaso, el logro sería morir sano, con el alma sana. Dice el Dr. Enric Benito, médico español especialista en cuidados paliativos: el abandono del cuerpo por parte de la conciencia está totalmente organizado, resistirse suele ser doloroso.
Otra vez el término cuidar como eje de una nota de salud, cuidar como un hecho humano, no médico, como un acto de amor. Cuidar al enfermo terminal, acompañarlo para que el tránsito sea apacible y placentero. Los dolores del cuerpo pueden mitigarse con una gran variedad de analgésicos existentes en la farmacopea, pero para el sufrimiento del alma de las personas en el final de la vida existen los equipos de cuidados paliativos que estarán a su lado y al lado de la familia cuando se comience a apagar el personaje que interpretaron durante toda su existencia y, precisamente esos equipos son los que lo acariciarán suavemente con sus manos que sanan, cuando se acerque ese momento.


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