Opiniones

Las corridas cambiarias de 2019 y los pronósticos económicos

El dólar sólo se mantenía artificialmente en valores inadecuados debido a tres factores difíciles de sostener en el tiempo: tasas de interés descomunales, desembolsos del FMI y sacrificio irresponsable de reservas.

En diciembre del año pasado, cuando parecía que la estrategia de Guido Sandleris en el Banco Central había logrado domar el dólar por tercer mes consecutivo, publicamos una nota en este diario señalando que dicha calma era tan solo aparente. Pues un nuevo salto cambiario se estaba gestando para los meses siguientes. Puntualmente, dijimos allí que en marzo se produciría una nueva corrida contra el dólar. Y así fue: en marzo el dólar pasó de 38 a 45 pesos.

En abril de este año, cuando comenzó la liquidación de la cosecha y varios analistas dijeron que ya con el arribo de una cosecha record y las liquidaciones masivas de las exportaciones la cosa ahora sí se calmaría –estabilizándose como consecuencia el dólar en torno a los 45 pesos-, también desmentimos que ello fuera a ocurrir.

Avisamos en ese mes, también en este diario, que a más tardar en agosto el dólar debería ubicarse por arriba de los 50 pesos o, textualmente, “incluso mucho más”. Y otra vez así fue: el dólar en agosto llegó a tocar los 67 pesos y desde las PASO a hoy se ha ubicado en torno a los 57.

Las dos corridas cambiaras más importantes de 2019 fueron anticipadas con absoluta precisión varios meses antes de ocurrir en esas notas. Todo fue explicado de manera objetiva y razonada sobre qué pasaría y cuál era la dinámica económica en juego. Era lógico que la divisa sólo se mantenía artificialmente en valores inadecuados debido a tres factores difíciles de sostener en el tiempo: 1) tasas de interés descomunales; 2) los desembolsos del FMI; 3) sacrificar reservas de modo irresponsable.

Esos tres motivos indicaban que la economía caminaba por el precipicio y que cualquier perturbación afectaría la cotización del dólar de forma abrupta, acumulando tensiones cambiarias listas para estallar en los meses señalados. Quienes hicieron caso a lo que señalé en esas notas tuvieron la oportunidad de embolsar jugosas ganancias. Quienes no escucharon y prefirieron quedarse posicionados en pesos o escuchar los cantos de sirenas del gobierno, cometieron un grosero error. Era obvio que el jueguito “tasa-dólar” no podría durar mucho más.

Por su parte, a fin del año pasado se dio un debate económico interesante sobre qué pasaría este año. En el cual se establecieron tres posiciones al respecto y que también sintetizamos en un escrito para este diario. Debate que vale la pena repasar para saber quién tenía razón y por qué.

Con respecto a las posiciones en juego, una de ellas, que se basaba en el diagnóstico del gobierno, reconocía que la economía estaba en recesión pero alertaba que con la cosecha pronto se reactivaría, ocurriendo una fuerte recuperación en forma de V. Incluso consultores como Orlando Ferreres o Gabriel Rubistein respaldaban este diagnóstico diciendo que en 2019 la economía terminaría con un crecimiento acumulado en torno al 1,6%.

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Cotización del dólar durante 2019.

Cotización del dólar durante 2019.

En segundo lugar, otros realizaban un diagnóstico más pesimista: decían que la economía se derrumbaría, seguida por una profunda recesión. Con ello el ciclo económico tendría la forma de una L. El mismo FMI advertía que en un escenario adverso la economía podría finalizar en el año con un terrible retroceso del 6,3% y una inflación superior al 50%.

Por último, un tercer diagnóstico advertía por un escenario todavía peor. Señalando que la economía estaba cerca de un colapso total, asomando diversas fatalidades en el horizonte. Se hablaba de que podría ocurrir alguna tempestad económica o varias de ellas juntas: una suerte de nuevo plan bonex, un default, una hiperinflación, un corralito, un cepo o un salto cambiario astronómico. Voces como las de Aldo Pignarelli y Carlos Rodríguez eran las más sonoras entonces al respecto.

Incluso planteos tan dispares como los de Guillermo Moreno y Javier Milei defendían esto. El caso que más sobresalió fue el de Carlos Melconian, que dijo “cuidado que todo esto se puede ir a la mierda” y que la “morenización” de la economía era un escenario que no se podía descartar.

Ya avanzado bastante el año podemos comprobar que el diagnóstico optimista, que auguraba una recuperación en V, no se va a cumplir. Mucho menos con el salto cambiario reciente, ya que éste va a profundizar la recesión y la parálisis económica al menos por dos trimestres más.

Queda entonces la incógnita sobre cómo terminará el año: si con un simple pero fuerte derrumbe y con una inflación superior al 50 %, algo que hoy se proyecta como lo más benigno y el escenario menos malo que podemos esperar. O sino más bien, la economía se complicará mucho más y por la fragilidad de las circunstancias actuales se convertirá en un infierno, en el cual todo finalmente colapse, tal como pronosticaron muchos economistas el año pasado.

El Gobierno, no obstante estos escenarios y señales, con el nuevo salto cambiario sólo atinó a reemplazar a Nicolás Dujovne por Hernán Lacunza pero sin hacer cambios de fondos, implicando ello una importante paradoja. Anunció que no hay “plan B”, por lo que curiosamente sólo cambiaba un ministro pero para continuar por la misma ruta que nos trajo a fatídica situación actual de crisis. Entonces, de mantenerse las mismas premisas, será difícil esperar resultados distintos.

Sino más bien que todo continúe igual de mal que hasta ahora. E incluso todavía mucho peor. Por el bien del país ojalá que el gobierno tome nota de esto y, con las pocas fuerzas que le quedan, tome las medidas adecuadas. No ya para que la situación mejore, porque eso a esta altura es imposible. Sino para evitar la explosión que tanto se presagia pueda ocurrir. El tiempo sólo nos dirá que nos espera: si un derrumbe o un colapso.

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