-
Frascos de vidrio: sirven para guardar tornillos, botones, cosméticos o especias. También funcionan como recipientes para congelar caldos y salsas.
Corchos de vino: podés usarlos para hacer imanes, posavasos o piezas decorativas. Muchas vinotecas reciben corchos para reciclar.
Jeans gastados: transformalos en trapos, bolsos o retazos para costura. Si están en buen estado, donalos.
Teléfonos antiguos: donalos a organizaciones o vendelos. Así evitás que terminen en basurales y liberás espacio.
Bolsas de pan: funcionan como bolsas para residuos de mascotas o para proteger objetos al guardarlos.
Diarios: sirven como un envoltorio creativo para regalos o para cubrir superficies antes de pintar.
Cartones de leche: se convierten en macetas, organizadores o bloques de hielo para conservadoras.
Fotos y postales viejas: podés armar tarjetas caseras para cumpleaños y fiestas.
Recipientes de helado: van perfectos para almacenar alimentos secos, juguetes pequeños o herramientas.
Tapas de frascos y botellas: funcionan como base para patas de muebles o para proyectos de manualidades.
Cartuchos de impresora: la mayoría de las marcas ofrece sobres para devolverlos y reciclarlos.
Agua sobrante de pintura: podés regar plantas ornamentales que no sean comestibles.
DVD, CD o cintas: con ellos se pueden hacer móviles para bebés, espejos decorativos o manualidades.
Accesorios para el cabello: sirven para atar cables o sostener tallos de plantas.
Ropa vieja: cortala para hacer trapos de limpieza o donala si todavía se puede usar.
Llaves sin uso: convertilas en collares, llaveros o artesanías originales.
Neumáticos: podés armar macetas grandes, hamacas o llevarlos a puntos de acopio.
Tarros para grasa: guardá aceite usado en frascos viejos antes de llevarlo al punto de reciclaje.
Bolsas de plástico: reutilizalas para basura, empaques o llevá a un centro de acopio.
Estuches de lentes de contacto: perfectos para guardar cremas, maquillaje o pastillas en viajes.
Cartón: cajas y envases se pueden convertir en organizadores o juguetes.
Botellas plásticas: cortalas para hacer macetas, regaderas o para guardar tus monedas.
Corbatas de pan: ayudan a ordenar los cables y evitar enredos.
Tapas transparentes: ponelas abajo de los frascos en el baño para evitar marcas.
Restos de comida: haceles compostaje y así ganas fertilizante natural.
Recipientes para toallitas húmedas: se transforman en dispensadores de lana, bolsas o hilos.
Libros: hacé intercambio con vecinos o donalos a bibliotecas.
Papel de aluminio: usalos para reflejar luz hacia tus plantas o cerrá paquetes herméticos.
Botellas vacías de desodorante: convertilas en botellas para pintura o manualidades.
Bolsas de supermercado: separalas y llévalas a programas de reciclaje específicos.
Ramas caídas: sirven como decoración o arbolito de Navidad casero.
Envases vacíos de bálsamo labial: guardan pequeñas porciones de cremas o lociones para viajar.
Correo basura: los sobres sirven para guardar semillas o tornillos, y el papel triturado para acolchar tus envíos.
Dejá tu comentario