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18 de septiembre 2026 - 00:00

Pedro Aznar, entre la música y el vino: "Una cosa alimenta a la otra"

Con 14 años en la industria vitivinícola, el artista y sommelier consolida Akasha, su proyecto creado junto al enólogo Francisco Evangelista. La apuesta por cepas mediterráneas, las primeras exportaciones y el impacto de la caída del consumo.

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Pedro Aznar reparte sus horas entre la música y la elaboración de vinos de Akasha.

Pedro Aznar lleva más de medio siglo haciendo música, pero desde hace 14 años desarrolla en paralelo otra profesión: la de hacedor de vinos. Después de una década asociado con el reconocido enólogo Marcelo Pelleriti en Abremundos, en 2024 inició una nueva etapa junto al ingeniero agrónomo y enólogo Francisco Evangelista. Así nació Akasha Wines, un proyecto que busca explorar en Mendoza variedades históricamente vinculadas con el Mediterráneo y ampliar la mirada de una industria argentina fuertemente identificada con el Malbec.

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Con dos añadas en el mercado y una tercera en preparación, Akasha hizo una apuesta particular por la Garnacha, pero también trabaja con cepas como Carignan, Marselan, Sangiovese y Nebbiolo, combinadas en algunos casos con variedades más tradicionales de la Argentina. El proyecto ya comenzó, además, a exportar a Chile, Brasil y Estados Unidos, mientras suma más de 60 puntos de venta en el mercado local.

La apuesta vitivinícola encuentra a Aznar en un momento de fuerte actividad artística. Junto a David Lebón, volvió este año sobre el repertorio de Serú Girán, con funciones agotadas y una serie de presentaciones que recuperan las canciones de una de las bandas centrales del rock argentino. Para Aznar, sin embargo, no se trata de mundos separados. “El vino es ciencia y arte. La música también”, resume.

Formado profesionalmente como sommelier, participa de todas las decisiones de Akasha. En diálogo con Ámbito, habló de la búsqueda de nuevos perfiles para el vino argentino, del impacto de la caída del consumo y de la relación entre sus dos oficios.

Aznar y su pasión por los vinos.

Periodista: Lleva varios años en la industria del vino. ¿Cómo fue ese recorrido?

Pedro Aznar: Estoy hace ya 14 años en la industria del vino. Empecé en 2012 con un proyecto junto a Marcelo Pelleriti, Abremundos, con el que continuamos hasta 2022. Akasha surgió en 2024, en conjunto con Francisco Evangelista. Ya tenemos la segunda añada en el mercado y estamos con los cortes de la tercera. Estamos muy contentos con los resultados, con las puntuaciones y con las devoluciones de los críticos. Es muy gratificante.

P.: ¿Qué aprendizajes tuvo en el proceso que fue de Abremundos a Akasha? ¿Qué diferencias encuentra entre ambos proyectos?

P.A.: Aprendí muchísimo. Tanto Marcelo como Francisco están vinculados desde hace tiempo a la industria y saben cómo hacer funcionar un proyecto. Hubo y hay un aprendizaje por estar con ambos. En cuanto a las diferencias, Akasha tiene algo particular: buscamos una línea con una impronta distinta, vinos modernos que aportaran un ángulo diferente a la historia rica y profusa de una industria con competitividad mundial. La idea era aportar una nueva mirada, un nuevo enfoque desde las cepas mediterráneas.

P.: Akasha toma variedades y estilos del Mediterráneo y los lleva a Mendoza. ¿Qué aspectos todavía están poco explorados en el vino argentino? ¿La industria está demasiado centrada en el Malbec?

P.A.: Es lógico que la industria esté centrada en el Malbec, porque es la cepa emblemática del país. Es una variedad que encontró en nuestro suelo su mejor expresión a nivel mundial. Pero no es lo único que hay. Argentina tiene un suelo prodigioso y rico, donde se dan bien una variedad de cepas. Entonces pensamos en crear cosas distintas. Las cepas mediterráneas están presentes desde hace siglos en nuestro suelo, pero no han tenido el impacto que merecen. Nosotros hicimos una apuesta fuerte por la Garnacha. Fue una coincidencia con Fran desde las primeras charlas. Los dos veíamos una buena oportunidad para poner el foco sobre esa cepa, que además es favorita nuestra a título personal. Pensábamos que esas variedades podían convertirse en un nuevo acercamiento dentro de la vitivinicultura argentina. Y no nos equivocamos. Quienes las prueban quedan encantados y sorprendidos por la elegancia en la copa, la frescura y el balance de acidez.

El proyecto busca recuperar cepas mediterráneas poco exploradas por la industria local.

"Como sommelier y como músico puedo interpretar cómo traducir una intuición al saber técnico"

P.: ¿Cuánto hay realmente de Pedro Aznar en una botella de Akasha?

P.A.: Muchísimo, y en todos los aspectos. Desde los cortes de los vinos y la elaboración hasta las decisiones empresariales, el diseño de la etiqueta y de la botella, como así también el concepto general.

P.: ¿En qué momento el vino dejó de ser el hobby de un músico y sintió que podía encarar un proyecto profesional?

P.A.: Desde el principio, desde que Marcelo Pelleriti me ofreció hacer algo juntos. Lo tomé no solo con un gran sentido de la responsabilidad, sino también con mucha alegría. Porque no se da todos los días entrar por la puerta grande a una industria de alta calidad mundial como la del vino. Hoy llevo bien los tiempos. Ya estoy habituado a tener esta profesión. Con los vinos y la música, una cosa alimenta a la otra. Y también una cosa me descansa de la otra. Cuando cambio de profesión por un rato, es también cambiar el aire.

P.: Cuando dice que una cosa alimenta a la otra, ¿hay algo que haya aprendido haciendo vino y que después haya llevado a la música?

P.A.: Hay muchos puntos de contacto, como entre todo desarrollo artístico. El vino tiene mucho de eso: es ciencia y arte. La música también. Toda disciplina artística, a pesar de ser distinta, tiene una búsqueda que pasa por los mismos lugares: la belleza, la emoción, la expresividad, comunicar algo. Entre las cosas que se pueden llevar de un trabajo al otro está el sentido de la economía de recursos. Saber cuándo algo está bien y no hay que modificarlo más. Es una cuestión intuitiva. Saber cuándo tu instinto te dio la idea central y cuándo esa idea ya se manifestó. Decir “vamos por acá” y entender que encontraste eso que buscabas.

P.: ¿Y cómo se bajan esas emociones y esa expresividad a algo concreto como un vino?

P.A.: Ahí está la combinación justa entre tu instinto y tu capacidad profesional. Se hermanan la intuición y la técnica. Como sommelier puedo interpretar cómo traducir ese concepto o una intuición al saber técnico. Es lo mismo que en la música. Si tengo una melodía en la cabeza, sé en qué lugar del instrumento está. Es como si no hubiera intermediación. Es esa técnica la que permite que la intuición baje al plano de la ejecución de una sola vez.

Evangelista y Aznar, los creadores de Akasha, que ya empezó a exportar a tres países.

"Estamos empezando a exportar"

P.: Akasha está pensado como un proyecto boutique. ¿Cómo imagina su desarrollo a futuro?

P.A.: Es boutique como concepto. La idea es ser siempre una bodega pequeña o mediana, no un proyecto megaindustrial. No es nuestra meta. Queremos trabajar desde un control de calidad detallado y desde este lugar. Somos un equipo pequeño pero eficaz. Una bodeguita de tamaño medio que nos permite pensar desde lo chico a lo grande. Ahora estamos empezando a exportar a Chile, Brasil y Estados Unidos. Ya salieron los primeros embarques y tenemos puntos de venta en esos países. Acá tenemos más de 60 puntos de venta en todo el país, entre vinotecas y restaurantes.

P.: La industria en general y el consumo en particular no atraviesan un buen momento. ¿Cómo impacta ese escenario en el negocio del vino?

P.A.: Sí, es un momento complicado. El mercado está retraído. El principal problema pasa por la capacidad de consumo y eso no depende de las bodegas, sino de la economía del país. Pero, a pesar de eso, nosotros estamos consolidando nuestra posición en el mercado.

P.: Si dentro de algunos años alguien abre una botella de Akasha sin saber que detrás está Pedro Aznar, ¿qué le gustaría que encontrara?

P.A.: ¿Si nadie supiera que lo hice yo? (Ríe). Idealmente, que dijera: “Esto me recuerda a la música de Pedro”.

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