Las exportaciones argentinas de vino registraron un fuerte retroceso en agosto, golpeadas por los cierres del Paso Cristo Redentor y por el desplome de los envíos a granel. El dato vuelve a poner bajo presión a una industria que, además de enfrentar problemas coyunturales de logística, viene perdiendo participación en el mercado internacional y exportando a precios cada vez más bajos.
Vinos: las exportaciones cayeron fuerte en agosto mientras Argentina pierde terreno en el mercado mundial
Los envíos bajaron 28% por el cierre del Paso Cristo Redentor y el derrumbe del granel. El país redujo a la mitad su participación en el comercio mundial desde el máximo de 2008.
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Vinos: en medio de una caída histórica del consumo, el enoturismo sale al rescate de la industria vitivinícola global
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La industria local del vino trabaja en una agenda de medidas para mejorar su competitividad
La producción vinícola de Mendoza fue la más afectada por las restricciones que hubo para cruzar la Cordillera en julio y agosto.
De acuerdo con el informe de comercialización del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), durante agosto se exportaron 121.908 hectolitros, un 27,8% menos que en el mismo mes de 2025. En valor, las ventas externas alcanzaron u$s45,6 millones FOB, con una caída del 23% interanual.
El derrumbe estuvo concentrado en el vino a granel. Los despachos bajo esta modalidad se hundieron 75,1% en volumen y 75,8% en valor, al pasar de 44.847 hectolitros en agosto de 2025 a apenas 11.165 hectolitros este año. En el vino fraccionado, en cambio, la caída fue menor: 10,8% en volumen y 17,9% en valor.
La explicación principal de lo que pasó el mes pasado está en la logística. Durante buena parte de agosto, el Paso Cristo Redentor, principal corredor terrestre entre Mendoza y Chile, permaneció cerrado en reiteradas oportunidades debido a los temporales de nieve en la alta montaña. La circulación de camiones recién comenzó a normalizarse hacia el final del mes.
El impacto fue especialmente fuerte sobre el granel, debido a que una parte importante de estos embarques utiliza flexi tanks o contenedores isotanque y depende de una salida terrestre fluida hacia los puertos chilenos del Pacífico. El vino fraccionado cuenta con mayores posibilidades de reprogramación o de derivación hacia terminales del Atlántico.
Mendoza, que concentra cerca del 95% del volumen nacional exportado, fue la provincia más expuesta al problema. La recuperación del tránsito internacional durante los últimos días de agosto podría permitir que parte de las operaciones demoradas se concrete durante septiembre y las cifras mejoren.
Más litros, menos dólares
El dato mensual se produce, además, en un contexto en el que el acumulado del año todavía muestra estabilidad en las cantidades, aunque no en los ingresos.
Entre enero y agosto, Argentina exportó 1.257.048 hectolitros de vino, apenas 0,6% más que en igual período de 2025. Pero mientras el volumen se mantuvo prácticamente sin cambios, el valor cayó 7,8%, hasta u$s400,4 millones.
La explicación está en buena medida en la composición de las ventas. El vino fraccionado acumula una caída de 6,8%, mientras que el granel creció 25,8%, impulsado por un salto de 156,8% en el vino blanco.
Al mismo tiempo, el precio promedio de exportación se redujo 8,4%, hasta u$s3,18 por litro. El comportamiento confirma una tendencia observada durante el primer semestre: las exportaciones crecieron 14% en volumen, pero apenas 3% en valor, debido a una reducción cercana al 10% en el precio medio y a una mayor participación del granel.
El resultado plantea uno de los principales problemas para la industria: aumentar los litros vendidos no necesariamente significa aumentar los ingresos. El crecimiento de las cantidades puede estar acompañado por una caída del valor promedio de cada litro exportado.
El mosto concentrado también tuvo un agosto negativo, con bajas del 29,5% en volumen y del 35,1% en valor. En el acumulado anual, sin embargo, mantiene una evolución positiva, con incrementos del 17,9% en toneladas y del 6,7% en dólares.
El problema va más allá del clima
El cierre del paso fronterizo explica buena parte del derrumbe de agosto, pero no alcanza para explicar la situación de fondo. Un informe del Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (IERAL) advierte que Argentina viene perdiendo participación en el comercio mundial de vino desde hace más de una década.
El contexto internacional tampoco ayuda. El consumo mundial cayó de aproximadamente 244 millones de hectolitros en 2017 a 208 millones en 2025, una reducción del 15%. El retroceso fue particularmente significativo en China y, sin contabilizar ese mercado, la contracción global habría sido de alrededor del 10%.
Pero Argentina no solamente enfrenta un mercado mundial más chico. También perdió terreno dentro de ese mercado.
El país comenzó el siglo XXI con una participación cercana al 1,3% de las exportaciones mundiales de vino y alcanzó su máximo, de aproximadamente 4,7%, en 2008. Desde entonces inició una tendencia descendente que llevó esa participación hasta alrededor del 2,1% en 2025.
En poco más de una década, por lo tanto, Argentina perdió más de la mitad de la participación que había conseguido en sus mejores años.
Estados Unidos compra menos y Brasil crece
La evolución de los principales destinos muestra dos escenarios completamente diferentes. Estados Unidos, que concentra alrededor del 24% de las exportaciones argentinas de vino, se transformó en un mercado que exige una estrategia defensiva.
Las importaciones estadounidenses de vinos fraccionados cayeron 32% en once años. Argentina había llegado a representar 8,2% de esas compras, pero posteriormente perdió participación de manera sostenida hasta ubicarse en 3,7% en 2026.
Brasil, en cambio, ofrece una perspectiva diferente. Las importaciones brasileñas de vino fraccionado crecieron con fuerza: pasaron de unos u$s44 millones a fines de los años 90 a cerca de u$s299 millones durante los primeros siete meses de 2026, medidos en dólares constantes.
Argentina también incrementó sus ventas, aunque por debajo del crecimiento del mercado. Después de haber llegado a representar alrededor del 26% de las importaciones brasileñas a mediados de los años 2000, la participación cayó hasta aproximadamente 15% y luego se recuperó hasta 19% en 2026.
Brasil aparece así como uno de los mercados donde la industria argentina todavía tiene espacio para recuperar terreno.
Los datos del INV correspondientes a agosto muestran, además, que Brasil fue nuevamente el principal destino, con 31.869 hectolitros por u$s9,9 millones. Le siguieron Estados Unidos, con 18.869 hectolitros y u$s8,9 millones, y Reino Unido, con 16.479 hectolitros y u$s5,2 millones.
Acciones para recuperar competitividad
En el marco antes descripto, la expectativa en el sector para el corto plazo es aprovechar la reapertura del Cristo Redentor para recomponer los volúmenes y recuperar las operaciones demoradas por los problemas logísticos de agosto. Esto permitirá evaluar su impacto real en las cifras de exportación, para estimar si la recuperación insinuada en el segundo trimestre puede sostenerse.
Para el mediano y largo plazo la industria vitivinícola ya trabaja en impulsar un conjunto de medidas que permitan mejorar la competitividad y con eso recuperar participación en un mercado mundial que se redujo y, al mismo tiempo, conseguir que las exportaciones generen mayor valor.
Según IERAL, el segmento de vinos varietales fraccionados de Mendoza muestra un deterioro estructural. El Malbec mantiene su posición como principal embajador del vino argentino. En agosto representó el 62,1% de los vinos varietales exportados, con 63.635 hectolitros, ventas por u$s24,2 millones y un precio promedio de u$s3,8 por litro. Detrás se ubicaron el Cabernet Sauvignon, con 12,9%, y el Chardonnay, con 6,6%.
Los volúmenes exportados de la cepta insignia fueron 36% inferiores en el primer semestre de 2026 respecto de 2010, mientras que el precio real obtenido se ubicó 7% por debajo del nivel de aquel año.
El tipo de cambio es una de las variables que inciden en la competitividad, pero no la única, según el estudio. La estructura de costos internos, logística, carga impositiva, posicionamiento comercial y adaptación de la oferta también determina la capacidad de las bodegas argentinas para competir internacionalmente, destaca.
El trabajo del IERAl también destaca que el sector enfrenta además cambios en las preferencias de los consumidores, con una mayor demanda de blancos, rosados, vinos más frescos, de menor graduación alcohólica y nuevos formatos, mientras algunos tintos tradicionales de precio medio encuentran una demanda menos dinámica.
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