La ciencia lleva años estudiando cómo las personas reaccionan frente a situaciones sociales que, en apariencia, deberían resultar agradables. Una de ellas ocurre cuando alguien recibe un elogio y, en lugar de agradecerlo con naturalidad, siente vergüenza, intenta cambiar de tema o minimiza lo que acaba de escuchar.
Aunque para muchos pueda parecer una respuesta extraña, la psicología sostiene que este comportamiento es más habitual de lo que parece y no siempre está relacionado con una baja autoestima. En varios casos, responde a la manera en que cada persona construyó su autopercepción y al nivel de exigencia con el que convive todos los días.
Especialistas analizan conductas frecuentes que muchas veces pasan inadvertidas.
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Aceptar un cumplido implica reconocer una cualidad propia, algo que no siempre resulta sencillo. Detrás de esa incomodidad pueden aparecer la autoexigencia, el perfeccionismo o la dificultad para validar los propios logros, factores que los especialistas analizan desde hace años para comprender mejor este fenómeno.
Por qué a muchas personas les cuesta recibir cumplidos o halagos
Según distintos especialistas en psicología, una de las explicaciones más frecuentes está relacionada con los altos niveles de responsabilidad y autoexigencia. Quienes acostumbran a fijarse estándares muy elevados suelen concentrarse más en aquello que todavía creen que les falta mejorar que en los aspectos positivos que otros reconocen.
Los expertos señalan que aceptar un elogio puede generar una sensación de vulnerabilidad. Para algunas personas, reconocer públicamente una virtud implica exponerse a nuevas expectativas o sentir que, a partir de ese momento, deberán mantener siempre el mismo nivel de rendimiento.
Otro aspecto que influye es el llamado síndrome del impostor, un patrón psicológico por el cual alguien atribuye sus logros a factores externos y no a sus propias capacidades. Cuando esto ocurre, los halagos pueden entrar en conflicto con la imagen que la persona tiene de sí misma y provocar incomodidad.
También existe un componente cultural. En muchos entornos se enseña que mostrarse orgulloso de los propios logros puede interpretarse como arrogancia. Esa idea lleva a que numerosas personas aprendan, desde edades tempranas, a rechazar los elogios o a responder con modestia extrema, incluso cuando el reconocimiento es sincero.
La forma en que cada individuo se percibe influye en distintas experiencias de la vida cotidiana.
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Cómo hacer para que los elogios no te incomoden
Los psicólogos coinciden en que el primer paso consiste en identificar la reacción automática. Si cada vez que alguien hace un reconocimiento aparece la necesidad de negarlo o justificarlo, puede ser útil detenerse unos segundos antes de responder.
Una estrategia sencilla consiste en aceptar el comentario con un "gracias", sin intentar explicar inmediatamente por qué el otro estaría equivocado. Ese gesto no implica sentirse superior ni dejar de ser humilde; simplemente supone reconocer que otra persona valoró una acción, una actitud o un logro.
Otra recomendación es revisar el diálogo interno. Las personas con altos niveles de autoexigencia suelen mantener conversaciones consigo mismas donde predominan las críticas antes que los reconocimientos. Con el tiempo, esa forma de pensar puede hacer que cualquier elogio resulte difícil de creer.
Los especialistas también sugieren diferenciar la humildad de la desvalorización personal. Ser humilde no significa negar permanentemente las propias capacidades. Aceptar un cumplido de manera natural puede fortalecer la autoestima y favorecer relaciones interpersonales más genuinas.