La NBA atraviesa una de las operaciones económicas más importantes de su historia. La posible incorporación de dos nuevas franquicias podría generar entre US$14.000 millones y US$20.000 millones en derechos de expansión, mientras Seattle y Las Vegas concentran buena parte de la atención de inversores interesados en ingresar a la liga.
La NBA prepara una expansión millonaria con dos nuevas franquicias podrían valer hasta u$s20.000 millones
La liga estadounidense avanza con el proyecto para sumar dos franquicias y llevarse entre u$s7.000 millones y u$s10.000 millones por cada una. Seattle y Las Vegas aparecen como los principales mercados, mientras grupos de inversores, fondos y empresarios compiten por ingresar a uno de los negocios deportivos más valorizados del mundo.
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La posible incorporación de dos nuevas franquicias a la NBA podría generar entre US$14.000 millones y US$20.000 millones en derechos de expansión.
El proceso tiene además un atractivo adicional: para Seattle significaría la posibilidad de recuperar a los SuperSonics, la franquicia que dejó la ciudad en 2008 para convertirse en Oklahoma City Thunder.
La expansión comenzó a tomar forma después de que el comisionado Adam Silver reconsiderara públicamente la posibilidad de ampliar la liga, avanzando hacia una estructura de 32 equipos, aunque la decisión definitiva todavía depende de la Junta de Gobernadores.
En los últimos años, varias franquicias de la NBA superaron los u$s3.000 millones de valoración, mientras que el nuevo contrato nacional de derechos audiovisuales alcanzó aproximadamente u$s76.000 millones por 11 años.
El principal atractivo de la expansión para los 30 propietarios actuales es económico. Las estimaciones para las nuevas franquicias ubican el precio de cada una entre u$s7.000 millones y u$s10.000 millones. Si ambas alcanzaran el valor máximo, la NBA podría recaudar aproximadamente u$s20.000 millones solamente por las tasas de expansión.
La magnitud de la operación se explica por la fuerte suba de las valuaciones de las franquicias. Los Minnesota Timberwolves fueron valuados en u$s1.500 millones en 2021, mientras que los Phoenix Suns fueron vendidos en 2023 por aproximadamente u$s4.000 millones. Además, otras franquicias superaron u$s3.000 millones en operaciones posteriores.
Los precios actuales del mercado podrían incluso llevar el valor de las nuevas franquicias por encima de las estimaciones iniciales. Según estimaron, un proceso de licitación podría generar más de u$s10.000 millones combinados, dependiendo del momento en que se realice y de las condiciones de la economía global.
La particularidad es que ese dinero no se distribuye como un ingreso habitual entre los jugadores. Las tasas de expansión son abonadas directamente a los propietarios actuales. Por eso, una operación de u$s15.000 millones implicaría, en términos simples, unos u$s500 millones para cada uno de los 30 propietarios.
Actualmente, cada franquicia representa aproximadamente el 3,3% de la liga. Con 32 equipos, esa participación se reduciría, pero la NBA considera que el ingreso extraordinario de la expansión y el crecimiento futuro de la competencia pueden compensar la dilución de los ingresos colectivos.
La expansión también se analiza sobre una base financiera diferente a la de 2020. La NBA acordó un nuevo contrato de derechos audiovisuales nacionales por aproximadamente u$s76.000 millones durante 11 años con Disney, Amazon y Comcast. Ese acuerdo incrementó el atractivo económico de la liga y redujo una de las principales dudas sobre la incorporación de nuevos equipos: la eventual reducción de la porción de ingresos que recibiría cada franquicia.
En otras palabras, la NBA podría obtener un ingreso extraordinario de miles de millones por las nuevas franquicias y, al mismo tiempo, incorporar dos mercados adicionales para explotar derechos audiovisuales, patrocinios, entradas, merchandising y hospitality.
No todos los propietarios, sin embargo, consideran que la expansión sea automáticamente conveniente desde el punto de vista financiero. La discusión central pasa por determinar si la ganancia inmediata de las tasas compensa la distribución de los ingresos futuros entre un mayor número de equipos.
Seattle: el regreso de los SuperSonics
Los SuperSonics abandonaron la ciudad en 2008 y se transformaron en Oklahoma City Thunder. Desde entonces, Seattle se convirtió en el mayor mercado estadounidense sin una franquicia NBA.
La situación cambió en 2021 con la inauguración del renovado Climate Pledge Arena, que actualmente recibe a los Seattle Kraken de la NHL y al Seattle Storm de la WNBA.
La infraestructura era durante años uno de los principales obstáculos para el regreso de la NBA. KeyArena había sido considerada insuficiente cuando los Sonics se trasladaron. El nuevo estadio modificó esa ecuación y permitió que Seattle volviera a presentarse como un mercado viable para una franquicia.
La ciudad cuenta además con una fuerte actividad empresarial y tecnológica, en particular por la presencia de compañías como Amazon, uno de los nuevos socios audiovisuales de la NBA.
El atractivo comercial se combina con una demanda histórica. Los Sonics mantienen una base de aficionados que se remonta a la época de Gary Payton y Shawn Kemp, cuando la franquicia alcanzó las Finales de la NBA en 1996.
El eventual regreso tendría otro componente económico y de marca. El acuerdo que permitió la mudanza de los Sonics a Oklahoma City estableció que el nombre SuperSonics, junto con sus logotipos, colores y marcas comerciales, podrían transferirse al propietario de una nueva franquicia aprobada para jugar nuevamente en Seattle.
El acuerdo también contempla la historia compartida de la franquicia, incluido el campeonato de 1979 y las camisetas retiradas.
Por eso, una nueva franquicia en Seattle podría recuperar oficialmente el nombre y buena parte de la identidad histórica de los SuperSonics. La información analizada señala que, si Seattle obtiene un equipo, Oklahoma City cedería la historia correspondiente a la etapa de Seattle.
Esto convertiría la expansión en algo más que la creación de una franquicia desde cero: se trataría de recuperar una marca deportiva con décadas de reconocimiento y una base de seguidores ya instalada.
Ante esta posibilidad, la disputa empresarial por Seattle también creció. El grupo vinculado a los Seattle Kraken, liderado por Samantha Holloway y su padre, David Bonderman, trabaja desde hace tiempo en una eventual propuesta.
Bonderman tiene además vínculos históricos con la NBA: integra el grupo propietario de los Boston Celtics desde 2002. Dentro del grupo de Kraken también aparecen figuras relacionadas con Amazon y con la antigua propiedad de los SuperSonics.
La organización incorporó además como asesor a Rick Welts, histórico ejecutivo de la NBA y expresidente de los Golden State Warriors, quien comenzó su carrera precisamente en Seattle, con los SuperSonics.
A este grupo se sumó posteriormente BlackSun Private Equity, junto con Native World Sports y otros inversores regionales. Su propuesta contempla incluso la participación de las tribus Tulalip y la construcción de un nuevo estadio y un distrito de entretenimiento en terrenos tribales próximos a MarysvillE. Según trascendió, ese grupo habría planteado una oferta de hasta u$s8.100 millones.
La estrategia contempla que el eventual equipo pueda comenzar jugando en el Climate Pledge Arena mientras se desarrolla un nuevo complejo. Esto permitiría evitar que la franquicia tenga que esperar años antes de comenzar a generar ingresos.
Las Vegas: deporte, turismo y entretenimiento
El otro gran mercado es Las Vegas, una ciudad que en los últimos años construyó una verdadera economía deportiva.
La llegada de los Raiders de la NFL, los Golden Knights de la NHL y las Aces de la WNBA transformó el perfil deportivo de la ciudad. A esto se suma la histórica celebración de la liga de verano de la NBA, que se convirtió en uno de los principales eventos del calendario de básquet estadounidense.
La NBA analiza distintas alternativas para un eventual estadio. El T-Mobile Arena, utilizado por los Golden Knights, es una posibilidad, aunque también se estudia la construcción de un recinto completamente nuevo.
La segunda alternativa tendría una dimensión económica mayor: no solamente habría que financiar la adquisición de la franquicia, sino también un estadio y eventualmente un distrito de entretenimiento asociado.
Silver llegó a plantear la posibilidad de construir un verdadero centro moderno de entretenimiento, con actividad durante prácticamente todo el año.
Entre los nombres vinculados a una posible franquicia en Las Vegas aparece LeBron James, quien manifestó durante años su intención de convertirse en propietario de una franquicia NBA. James ya posee inversiones en el deporte y tiene participación en el grupo propietario de Fenway Sports Group, vinculado a activos deportivos como Liverpool y los Boston Celtics.
También desarrolló relaciones con inversores deportivos como John Henry y Gerry Cardinale, potenciales socios para una eventual propuesta.
El caso tiene además una particularidad regulatoria: la NBA no permite que los jugadores activos sean propietarios de participaciones en franquicias.
El calendario, además, genera una coincidencia: si las nuevas franquicias comenzaran a jugar en 2027-28, ese inicio coincidiría con la finalización del actual contrato de James con Los Angeles Lakers, que se extiende hasta la temporada 2026-27.
El calendario todavía no está cerrado. La expansión requiere una decisión de la Junta de Gobernadores, la elección de las ciudades, la selección de los grupos propietarios y la preparación de la infraestructura necesaria para que las nuevas franquicias puedan comenzar a competir.
La NBA no incorporó una franquicia nueva desde los Charlotte Bobcats en 2004, por lo que una expansión a 32 equipos representaría el mayor cambio estructural de la liga en más de dos décadas.
Para los propietarios actuales, la operación podría significar un ingreso extraordinario de hasta US$20.000 millones. Para los inversores, el acceso a dos de los activos deportivos más escasos del mercado estadounidense. Para Las Vegas, la incorporación de una nueva franquicia a una economía deportiva en expansión.
Y para Seattle, la posibilidad de recuperar a los SuperSonics, junto con su nombre, sus colores, su historia y una marca que permaneció vigente incluso durante los 16 años posteriores a la mudanza de la franquicia.
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