Con la llegada de junio, muchas personas comparten la misma sensación: “¡el año se está pasando volando!”. Basta con mirar el calendario para que aparezca un pequeño sobresalto, como si los meses se hubieran escurrido sin previo aviso. Esta percepción no es nueva, y suele repetirse año tras año, especialmente al cruzar la mitad del calendario. Frente a esta vivencia compartida, la psicología, y también la neurociencia, se ocuparon de estudiar este fenómeno con seriedad.
Detrás de esa sensación de velocidad temporal hay múltiples factores que influyen en nuestra percepción del paso del tiempo. Desde cómo recordamos los días hasta cómo vivimos nuestras rutinas pueden ser disparadores de este sentir. Aunque parece un comentario casual, en realidad, sentir que el año se escapa encierra procesos mentales profundos y universales.
¿Por qué sentimos que los años se nos pasan volando?
Según expertos en psicología cognitiva, una de las razones principales por las que sentimos que el tiempo pasa más rápido a medida que envejecemos es que acumulamos más experiencias similares y predecibles. Cuando la vida se llena de rutinas de trabajo, responsabilidades y compromisos, el cerebro deja de registrar cada momento como algo “nuevo”. Esto genera una menor cantidad de recuerdos destacados, lo que hace que al mirar hacia atrás, el tiempo parezca haber volado.
Otra clave está en la forma en que almacenamos y recordamos los eventos. Los psicólogos afirman que cuanto más novedosos y emocionantes son los momentos que vivimos, más densos se vuelven nuestros recuerdos y más lento parece haber pasado ese período. Por el contrario, cuando todo se siente igual, nuestra memoria se comprime y la percepción es que “no hicimos nada”, aunque hayamos estado activos todo el año.
Además, el paso del tiempo también está influido por el foco de nuestra atención. En la infancia y adolescencia, vivimos más en el presente, mientras que en la adultez solemos planificar el futuro o recordar el pasado. Esta desconexión con el aquí y ahora hace que el tiempo se nos escurra con más facilidad, generando esa sensación de fugacidad.
Por último, los expertos señalan que factores como el estrés, la sobrecarga informativa y el uso constante de tecnología también pueden alterar nuestra percepción del tiempo. Cuando estamos en piloto automático, cambiando de pantalla en pantalla, la mente no se detiene a procesar con profundidad lo que ocurre. Así, el año avanza, pero nosotros apenas lo sentimos pasar.
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