Conductas, decisiones, esquemas de vida, errores, desarrollo profesional o la relación con el dinero. La gente normalizó el hecho de que los hijos repitan a menudo los mismos patrones que sus, padres aunque estos sean poco deseables. Desde los fracasos en el trabajo hasta las relaciones tóxicas, todo parece formar parte de una espiral en la que se cae de forma forzosa, como si los hijos estuvieran condenados a ser una proyección de la vida de sus padres. Y todo esto, parece ser, se aloja en el cerebro.
¿Te sentís más parecido a tu madre?: la respuesta estaría en tu cerebro
Existen algunos patrones de conducta que, de forma natural e inconsciente, tendemos a repetir de nuestros padres y madres. Enterate por qué.
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La respuesta a los parecidos con tu madre estarían en tu cerebro.
La explicación a esto reside en que nuestro subconsciente integró, en nuestra crianza, que no tiene derecho a aceptarse tal y como es y que debe buscar la perfección. "Puede que no estés de acuerdo a nivel consciente en todo lo que has visto de tu madre, pero eso tiene poca influencia en el hecho de que repitas o no ese patrón. Nuestra mente subconsciente empuja a repetir un patrón porque solemos replicar lo que es familiar, lo que hemos aprendido de niños" argumenta la coach Maïte Issa, en su libro "Tu éxito es inevitable".
Parecidos maternales: los patrones más repetidos
Algunos de los patrones más comunes que suelen repetir los hijos están relacionados con apegos emocionales, dinero, trabajo y autoestima. Algunos psicólogos sostienen que los más comunes son:
- La madre sacrificó su carrera, su tiempo y su felicidad por los hijos y se los hizo saber en cada discusión con ideas del tipo "les dí todo, son unos desagradecidos". Sus hijos intentaron muchas cosas para que estuviera mejor, pero luego sintieron que fallaron y que es una tarea imposible. Muy probablemente de mayores jugarán el papel de rescatistas, sacrificándose a sí mismos para solucionar los problemas de los demás.
- La madre dejaba la gestión del dinero en manos del padre, haciendo que los hijos entendieran que el dinero "es cosa de hombres" y que algún día vendría alguien a ocuparse de sus finanzas. Los hijos vivirán sin planificación, sin pensar en el futuro, con miedo al dinero y gastando cada céntimo que ganan. Este tipo de patrón suele repetirse cuando el dinero es algo "tabú" y no forma parte de la educación.
La respuesta a todo está en el cerebro
Lo normal es que la mayoría acepte como verdad absoluta lo que nos dicen, comparten o nos hacen ver nuestros padres o cuidadores adultos. "Hasta los ocho años no está completamente formada la corteza prefrontal, que es la parte del cerebro responsable del razonamiento y la lógica. Por eso hasta ese punto nos cuesta discriminar entre lo que consideramos que es verdad y lo que no", comenta Maïte Issa.
Es cierto que tenemos más fuentes de información además de los padres o cuidadores, pero lo que sucede, es que "estamos diseñados para aceptar primero lo que dicen ellos, pues desde el punto de vista evolutivo es necesario estar alineados con quienes aseguran la supervivencia", agrega Issa.
Durante esos primeros años, por lo tanto, se forman las creencias a través de tres vías: lo que escuchamos, lo que vemos y lo que experimentamos. Y esas creencias son las se alojan en el subconsciente que, según explica Issa, ocupa el 95% de la actividad mental. "Podemos intentar hacer algo diferente con nuestro 5% de mente consciente pero existen ideas fijas que están saboteando desde ese otro 95%", concluye.
Los expertos recuerdan que los trastornos mentales no pueden auto-diagnosticarse, y alertan sobre los servicios y ofertas de ayuda psicológica que no son profesionales.
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