Sergio Massa los durmió a todos. Así parece. Sin embargo, los dormidos reposan con un ojo entreabierto. Nadie cree que con lo anunciado, hasta ahora, alcance para dar vuelta la taba. Solo se bajaron los decibeles, bajó unas líneas la temperatura. Pero el enfermo sigue delicado. Empezaron a llegar los dólares de la soja “retenida”.
Ayer el BCRA compró u$s426 millones, el día anterior u$s300 millones más los u$s140 millones del martes. En tres jornadas compró casi los u$s1.000 millones anunciados. Como prueba de que ni con esto alcanza, ayer el BCRA extendió hasta fin de año, por ahora, el cepo para algunas importaciones establecido a fines de junio (Comunicación A 7532) con la que amplió el sistema de financiación de importaciones a las realizadas bajo Licencia No Automática y a la importación de servicios.
Así han tomado las novedades en las mesas, donde todos ponen el ojo en la expansión monetaria que conlleva el dólar soja de septiembre. Más pesos, sin respaldo, y más deuda remunerada.
De ahí que el entusiasmo sea medido. Por lo pronto, Miguel Pesce, jefe de BCRA, aportó su granito de arena en agosto contrayendo la base, quizás, anticipando lo que se le viene en septiembre. De esta manera aceleró el crawling peg para no exacerbar el cuasifiscal. Ni que hablar de lo que dicen, en el mercado, sobre comprar a $200 y vender a $140. ¡Otra que los deberes de funcionario público!
Lo que sabe todo el mercado es que si bien las importaciones de energía empiezan a ceder, también cede el superávit comercial y por ende la oferta de divisas de los exportadores. Además, los fondos que lleguen como en el caso del BID son para mostrar en la vitrina, o sea, no se pueden usar, no van a ir a satisfacer la demanda de los importadores, así que ese problemón continuará.
Un conocido consultor recordó la regla conocida como Guidotti-Greenspan que define como stock de reservas mínimo u óptimo entre 5 a 7 meses de importaciones. Hoy el BCRA no tiene reservas más que para uno o dos días de importaciones. Huelgan los comentarios.
El Plan Massa y Cristina
De lo que se habla es de cuándo hablará Cristina sobre el Plan Massa. Dicen que en noviembre. Hasta ese momento dicen que les dijo a sus huestes que lo dejen hacer a Sergio, pero que no le pidan que milite el ajuste. O sea, los famosos 90 días.
En una cena en San Telmo entre gestores locales se habló mucho sobre Lula presidente, quien según uno de los comensales con sólidos contactos brasileños ya está hablando con economistas que participaron en el diseño del Plan Real, toda una señal.
A los postres fue muy comentada la salida de Pablo Albina, que se desempeñaba como country head para Argentina y head of investment Latam de Schroders tras 20 años en la firma de inversiones. Su sucesor proviene de la gestora, y es Mariano Fiorito quien en los últimos 13 años se desempeñó como fund manager y strategist, tras llegar en 2009 desde el Banco Patagonia.
Un interesante encuentro hubo ayer en las nuevas oficinas de Adcap Grupo Financiero como parte de un ciclo para intercambiar views con distintos participantes del mercado. La excusa fue un desayuno privado e informal en el que Javier Timerman, socio de Adcap, debatió con Santiago López Alfaro, presidente de Patente Valores; Juan Cruz Lekovic, fund manager de Schroders; y con José Echagüe, head strategist de Consultatio, sobre el veranito financiero, la brecha cambiaria y las medidas lanzadas por Sergio Massa, entre otros temas. Hubo coincidencia en que la prioridad es atender el frente fiscal y en la necesidad de implementar reformas estructurales.
En otro desayuno un desarrollador que opera en Miami trajo el dato de color que habría caído la “Madre Teresa” de Florida, cuyos milagros no fueron benéficos sino con fines de lucro. Se refería a Johanna García, que al parecer se la conocía en la comunidad como Madre Teresa, que estaba ejecutando un esquema Ponzi multimillonario que prometía a los inversores hasta 180% de rendimiento anual si invertían en su empresa, MJ Capital Funding. Así recibió más de $196 millones de 15.400 inversores. El caso comenzó a investigarse en 2001 por el FBI. Ahora García ya está negociando con la SEC.
Se develó el misterio y los grandes de Wall Street acertaron, como se señaló en esta columna una semana atrás, el BCE jugó a lo grande y decidió subir los tres tipos de interés oficiales en 75 puntos básicos. Así, el tipo de interés de las operaciones principales de financiación y los tipos de interés de la facilidad marginal de crédito y de la facilidad de depósito aumentarán hasta el 1,25%, 1,50% y 0,75%, respectivamente. Mantuvo el objetivo de inflación del 2%. En el caso de separarse mucho de el, Christine Lagarde, jefa del BCE, advirtió que seguirán las subas, pero los 75 puntos no serán la norma.
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