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8 de noviembre 2007 - 00:00

Anticipó su plan en sitio YouTube

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«Soy un existencialista cínico, un humanista antihumano, un darwinista social antisocial, un idealista realista y un ateo endiosado.» Con este caótico «remix» ideológico se presentaba en Internet el estudiante Pekka-Eric Auvinen, autor de la masacre ocurrida ayer en un instituto de enseñanza media de Tuusula (Finlandia). Bajo el alias «Sturmgeist89» -una combinación de la expresión «espíritu de tormenta» en alemán y su año de nacimiento-, el joven abrió hace apenas tres semanas su propio espacio en YouTube.

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No era la primera vez que Eric daba guerra en la Red. Un primer intento, entonces con el apodo «NaturalSelector89», acabó en polémica y los administradores intentaron sin éxito prohibirle el acceso al portal: «YouTube suspendió mi cuenta anterior, pero estoy de vuelta», se felicitaba recientemente.

El renovado «Canal de la Verdad y la Justicia» inauguró sus «emisiones» el pasado 19 de octubre y desde entonces hasta su cierre tras el tiroteo sirvió de plataforma para publicar más de 80 videos.Entre ellos se encontrabael premonitorio «Masacre en el instituto Jokela - 7/11/ 2007».

En la página personal de «Sturmgeist89» en YouTube, Eric se describía a sí mismo como un «selector natural» partidario de una sociedad dominada por los más fuertes»Los imbéciles deben ser esclavos; los inteligentes, libres».

Para el joven asesino, el modelo político por el que se rige Occidente no es más que «una dictadura de la mayoría moral manipulada por la mafia del Estado» o, en otras palabras, «un sistema totalitario y corrupto». También reconocía ser alguien «lleno de odio». «Cuanto más rápido sea aniquilada la raza humana de este planeta, mejor... nadie debería quedar vivo. No debe haber compasión con la escoria de la Tierra», afirmaba, antes de sentenciar: «¿Qué es lo mejor de la vida? Que acaba».

En otro punto de su presentación, el homicida arremetía contra «la gente religiosa». «Sus dioses no son nada y sólo existen en sus cabezas. Yo soy el dios y diablo de mi propia vida». Y más adelante concluía: «Soy la ley, el juez y el verdugo. No hay mayor autoridad que yo».

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