Todo está listo en Brasilia para que el ex obrero metalúrgico Luiz Inácio Lula Da Silva asuma mañana la presidencia de Brasil, la undécima economía del mundo, con el compromiso de conciliar las expectativas de los inversores con un cúmulo de enormes demandas sociales. La ceremonia de asunción de Lula, que será acompañada por una inédita fiesta popular a la que se espera asistan cientos de miles de personas llegadas de todo Brasil, muchas luego de agotadores viajes en autobús de varios días, reducirá los actos protocolares y ampliará el contacto entre el nuevo presidente y los brasileños. Entre 250 y 300 invitados extranjeros confirmaron ya su presencia en la ceremonia, entre ellos Eduardo Duhalde y otros presidentes de la región. Sugestivamente, el enviado de la Casa Blanca será el representante comercial Robert Zoellick, el encargado de llevar adelante las negociaciones para el ALCA con el gobierno del Partido de los Trabajadores, las que se descuenta serán difíciles y complejas.
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También en la explanada, decorada con telas verdes y amarillas de la bandera brasileña y rojas del partido de Lula, se ubican el Congreso, donde el presidente será investido, y el Palacio de la Presidencia, donde recibirá la banda presidencial.
Terminadas las ceremonias oficiales ante las autoridades nacionales y extranjeras, Lula desfilará en un auto abierto ante el pueblo.
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