Siguen los combates por el control de las ciudades de Damasco y Alepo.
La Unión Europea aprobó incrementar las sanciones contra Siria, en especial con un refuerzo del embargo de armas que autoriza inspecciones de barcos y aviones que se encuentren en sus bases aéreas, puertos y aguas territoriales.
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Las medidas aprobadas en la reunión del consejo de exteriores alcanzan a otras 26 personas y empresas que dan respaldo económico al régimen de Bashar al Assad, con congelamiento de bienes y bloqueo de visas, y regirán desde el martes cuando sean publicadas en el boletín oficial.
En total la UE emitió sanciones que afectan a 129 personas y 49 empresas, y prepara un aumento de la ayuda humanitaria para la población siria y refugiados.
"Debemos aumentar nuestra ayuda humanitaria a la gente que huye a través de la frontera", dijo el canciller británico, William Hague.
El ministro de Exteriores francés, Laurent Fabius, consideró necesario ayudar a los países que como Líbano y Jordania reciben a los refugiados.
El canciller italiano, Giulio Terzi, excluyó la posibilidad de una intervención militar en Siria, pero advirtió que las acciones del ejército contra la población pueden ser encuadrados en "crímenes contra la humanidad".
Mientras tanto, las batallas por el control de Damasco y de Alepo siguen entre unidades del ejército sirio y grupos rebeldes, un día después de una propuesta de los países árabes para garantizar una salida "segura" al presidente Bashar al Assad si finalmente decide dejar el poder.
Este mismo lunes el portavoz del ministerio de Relaciones Exteriores sirio aseguró que el régimen no utilizará armas químicas y no convencionales contra la población civil, reservadas al caso de una "agresión extranjera".
Por su parte, los europeos decidieron reforzar sus sanciones contra el régimen de Al Asad y reforzar el control el embargo de armas, una manera de presionar a Damasco ante el fracaso del Consejo de Seguridad de la ONU para votar una resolución que abra la vía a una posible intervención armada.
El domingo la violencia en Siria dejó 123 muertos (67 civiles, 34 soldados y 22 rebeldes), según el último balance del Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH), una ONG con sede en Gran Bretaña.
El Consejo nacional Sirio (CNS), la principal formación de oposición, pidió a los rebeldes que continúen luchando para "liberar" Damasco y Alepo.
El régimen "se tambalea" pero "no se rendirá fácilmente", dijo el portavoz del CNS, George Sabra, en un comunicado.
"Lo que pasa en Damasco, Alepo y otras ciudades sirias desde hace varios días es una etapa crucial para establecer una nueva fase en la historia de nuestro país y de la región", añadió este opositor.
En Damasco este lunes se observaba una gran columna de humo sobre el barrio de Mazzé, en el oeste de la capital, donde los enfrentamientos siguieron durante parte de la noche, indicó un periodista de la AFP.
El ejército también desplegó nuevas tropas en los barrios de Damasco. Según los llamados Comités Locales de Coordinación (LCC), que organizan la revuelta, llegaron refuerzos militares al barrio histórico de Midan, retomado por el ejército el viernes.
Según el OSDH, decenas de cuerpos yacen en las calles de algunos barrios de Damasco donde los rebeldes no pudieron recogerlos por la presencia del ejército.
En la ciudad de Alepo, la capital económica de Siria, seguían los enfrentamientos entre ejército y rebeldes, después de que el viernes el Ejército Sirio Libre (ESL), formado por desertores y civiles armados, tomara el control del barrio de Salahedin, en el oeste de la ciudad.
Los combates tuvieron lugar en los barrios de Sahur (este) y Hanano City (este).
La ciudad de Homs (centro), símbolo de la revuelta, y Rastan, en la misma provincia, fueron bombardeadas este lunes por helicópteros del ejército, según los opositores.
En el frente diplomático, el domingo los ministros de Relaciones Exteriores de la Liga Árabe pidieron a Bashar al Asad que "renuncia al poder" y le prometieron "una salida segura" para él y su familia.
La situación en las fronteras de Siria, donde ejército y rebeldes se disputan el control de los pasos fronterizos, preocupa a los países vecinos, como Israel, que teme que las armas químicas sirias caigan en manos del partido chiita Hezbolá.
Por su parte, Jordania quiere evitar cualquier tipo de "infiltración" en su territorio. Turquía también reforzó su dispositivo en la frontera y desplegó baterías de misiles tierra-aire en Mardin (sureste).
Los rebeldes controlan un puesto fronterizo vital con Irak y otros tres en la frontera con Turquía.
Según las cifras del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) del 18 de julio unos 120.000 refugiados libios están en Jordania, el Líbano, Turquía e Irak.
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