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Más de 180 delegaciones y 58 jefes de Estado y de Gobierno acuden a esta convocatoria de Naciones Unidas (ONU), duramente cuestionada por las organizaciones sociales, pero acompañada por los recientes compromisos de Estados Unidos y de la Unión Europea (UE) sobre el incremento de la ayuda al desarrollo.
Estados Unidos, que este año cuenta con un presupuesto militar superior a los 350.000 millones de dólares, aumentará en 5.000 millones de dólares la partida para Asistencia Oficial al Desarrollo (AOD) en un período de tres años, a partir del 2004, mientras los socios de la UE están dispuestos a subir sus aportaciones del 0,33 al 0,39 por ciento del Producto Interior Bruto (PIB).
Los anuncios, "migajas", según las Organizaciones No Gubernamentales (ONG), pueden interpretarse, en opinión de voceros de la ONU, como un primer éxito de la Conferencia, que concluirá el próximo día 22 con la aprobación de una declaración ya consensuada por los 189 miembros de la organización, el denominado "Consenso de Monterrey".
La cita de Monterrey abrirá un importante espacio para el diálogo que no se traducirá en modificaciones a la declaración, aunque, según el canciller mexicano, Jorge Castañeda, no se puede descartar la aprobación de alguna declaración adicional.
Los países ricos reconocen que hay que brindar mayor participación a los países en desarrollo en los organismos multilaterales, promover la cooperación en la movilización de recursos financieros e incrementar las corrientes de inversión privada internacional, pero a cambio piden a los pobres que pongan "la casa en orden", con políticas racionales, finanzas sanas y estrategias decididas contra la corrupción.
Las organizaciones civiles, que tendrán su propia Asamblea Cívica, bajo el lema "Otro mundo es posible", perciben muchas sugerencias y pocos compromisos concretos, y denuncian que la vaguedad del consenso es el precio que fijó Estados Unidos por la presencia de su presidente, George W. Bush, en la reunión de Monterrey.
Los presidentes de Argentina, Eduardo Duhalde; de Colombia, Andrés Pastrana; y de Venezuela, Hugo Chávez, tienen el protagonismo asegurado y, en círculos políticos, se sigue con expectación la posibilidad de que el mandatario cubano, Fidel Castro, se decida a llegar en el último momento.
Para no defraudar las expectativas, tanto la ONU como el gobierno de México, que se juega su prestigio internacional en esta reunión, insisten en que Monterrey no es el final de un proceso, sino el punto de partida de una nueva cultura de cooperación entre países industrializados y en vías de desarrollo.
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