Vicente Fox
y Felipe
Calderón, el
actual
presidente
de México y
su sucesor,
ayer en la
residencia
de Los
Pinos, en la
primera
reunión que
mantuvieron
para
comenzar a
preparar la
transición.
México DF (EFE, AFP, Reuters, ANSA) - México inició ayer una compleja transición hacia la investidura del oficialista Felipe Calderón el 1 de diciembre, bajo las amenazas de su rival en las elecciones, el izquierdista Andrés Manuel López Obrador, de hacerle la vida imposible.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
El presidente electo comenzó una serie de encuentros con dirigentes políticos y se reunió con el mandatario saliente, Vicente Fox, para delinear los pasos hacia el traspaso del mando, intentando mostrar que la etapa de la dura rivalidad con López Obrador está cerrada.
Luego de reunirse con su correligionario Calderón, el presidente del gubernamental Partido de Acción Nacional (PAN), Manuel Espino, hizo un llamado al izquierdista López Obrador y a su Partido de la Revolución Democrática (PRD), a que «reconsideren» su postura y colaboren en la transición.
Pero el líder populista parece estar lejos de deponer las armas y, horas después de conocerse el fallo de la Justicia electoral, anunció que mantendrá su actitud de resistencia al desconocer a Calderón como presidente electo y rechazar el fallo del tribunal.
En ese marco, el alcalde de la capital mexicana, Alejandro Encinas, delfín de Obrador, se rehusó a reconocer a Calderón, y dijo que «no hay nada que festejar». «No tengo por qué reconocerlo», enfatizó y calificó el fallo como un «dictamen bochornoso».
Escasa ventaja
La exigua diferencia de 233.381 sufragios sobre 41,5 millones de votantes dejó a López Obrador con la sangre en el ojo, a las puertas de un triunfo histórico que le hubiera permitido a la izquierda acceder por primera vez al poder en México.
Calderón obtuvo 14.916.927 sufragios, equivalentes a 35,89% de la votación total, mientras que López Obrador quedó con 14.683.096 (35,33%).
La izquierda apunta ahora todos sus cañones a una Convención Nacional Democrática con sus militantes, que se celebrará el 16 de setiembre en el centro de la capital mexicana, donde se instaló un campamento hace más de un mes que abarca 8 kilómetros para exigir el recuento de los votos de la elección del 2 de julio.
Ese será el verdadero termómetro del estado de ánimo de sus seguidores, aunque el día después de la decisión de la Justicia electoral el piquete aparecía más tranquilo y menos fervoroso que en anteriores jornadas. Pese a que esta medida ha traído pérdidas por 900 millones de dólares, el gobierno descartó el uso de la fuerza para desalojar a los miles de izquierdistas instalados en las calles, indicó el portavoz Rubén Aguilar.
Pese a la insistencia de López Obrador de que hubo fraude en los comicios, una encuesta del diario «Reforma» reflejó que 74% de los consultados aprobó la declaración de validez de la elección presidencial. Sin embargo, 61% de los encuestados, de un universo de 450 personas, consideró que «la situación política se pondrá más tensa».
Futuro complicado
A Calderón, un ex ministro de Energía de Fox y de carrera rápida en el PAN, no le espera un camino de rosas. No sólo tendrá que lidiar con el encono de la izquierda, sino también con el hecho de que no dispondrá de mayoría propia en el Congreso.
Reflejo del clima político que deberá enfrentar Calderón a partir de ahora fue lo que ocurrió en el exitoso programa televisivo «Otro rollo» en el que se encontraba presente. El presentador Adal Ramones interrumpió por primera vez en once años la transmisión en vivo al gritar decenas de miembros del público «fraude, fraude» y otras consignas relacionadas con la crisis poselectoral.
Los partidarios de López Obrador gritaron además: «Calderón, entiende, la gente no te quiere».
Dejá tu comentario