La crisis boliviana entrega novedades -invariablemente negativas- día tras día. Ayer quedó expuesta una posible división de las fuerzas armadas, entre un generalato por ahora fiel al presidente Mesa y mandos medios de tendencia populista. Dos tenientes coroneles aparecieron ayer en TV, exigieron la renuncia del mandatario constitucional y propusieron un gobierno cívico-militar con las organizaciones sociales de izquierda. No queda claro aún cuál es el grado de representatividad de esos efectivos, pero llamó la atención que las FF.AA. se limitaran a repudiarlos en un comunicado, sin lograr arrestarlos. ¿Siguen libres pese a su llamado a la sedición sólo porque no pudieron ser ubicados? ¿O tienen algún grado de apoyo? Otro aspecto de esto está dado por la ideología de la incipiente insubordinación. Por su lenguaje parecen émulos del venezolano Hugo Chávez. Preocupa el destino que podría tener Bolivia, un país limítrofe y, además, clave para el suministro energético en la Argentina, en manos de ese liderazgo. Sobre todo, si éste propone un cogobierno con movimientos que se han volcado a un izquierdismo extremo. Estos sectores -ligados a la Central Obrera Boliviana, juntas vecinales y movimientos indígenas- han llevado sus planteos a tal punto que ahora consideran un traidor a Evo Morales, alguien que presiona por elevar todavía más la ya confiscatoria carga tributaria impuesta a las petroleras extranjeras. Al parecer, eso les resulta demasiado tibio.
Un grupo de
soldados llega
al Palacio
Quemado, en
La Paz, en
medio de
versiones de
golpe de
Estado
(arriba). Los
tenientes
coroneles
rebeldes, Julio
Angel Herrera
y José Luis
Galindo, en la
televisión, al
lanzar su
desafío al
presidente
Carlos Mesa
(abajo).
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