En una situación difícil para el gobierno brasileño, el canciller Celso Amorim descargó ayer su molestia con Francia. Se refería al incidente con un avión militar de ese país que aterrizó en Manaos en un fallido operativo de rescate de la ex candidata presidencial colombiana, Ingrid Betancourt (también de nacionalidad francesa), secuestrada por las FARC el año pasado. Las quejas de Amorim quedaron desdibujadas cuando la hermana de ésta aseguró que Brasil estuvo al tanto de la operación secreta. Pero las contradicciones no son sólo brasileñas. En el gobierno francés también se cruzan acusaciones por el hecho y hasta se duda del verdadero conocimiento que tenía el presidente Jacques Chirac.
El incidente «lo abordé con el presidente «Me dijo: 'De Brasil no necesitamos ninguna explicación, porque tenemos una confianza absoluta y una relación de total transparencia'», dijo Amorim.
Sobre la presencia del avión francés Amorim dijo que «sólo fui informado tardía y parcialmente». Sostuvo que «con Francia tenemos excelentes relaciones, pero deben basarse en el respeto mutuo, y aún cuando los objetivos de una acción puedan ser justificables, no se puede ignorar que existe un país soberano, que es Brasil».
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