Los gobiernos de Rusia y los Estados Unidos alcanzaron ayer un histórico acuerdo de desarme nuclear, llamado -según el presidente George Bush-a liquidar los resabios de la Guerra Fría. El entendimiento establece que ambos países recortarán prácticamente en dos tercios sus actuales existencias de cabezas nucleares en un plazo máximo de diez años. El pacto fue presentado por el Kremlin como un éxito de su diplomacia, ya que logró imponer su criterio de que sea sancionado por los respectivos parlamentos, lo que le da mayor fuerza. Además, observadores señalan otra ventaja obtenida por Moscú: sus problemas presupuestarios la habrían obligado de cualquier forma a efectuar esos recortes, por lo que la aceptación norteamericana le permite mantener un equilibrio de poder con su principal competidor.
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El tratado, que será firmado en Moscú por ambos presidentes el próximo día 24, establece que las dos potencias tendrán de aquí a 2012 arsenales de entre 1.700 y 2.200 cabezas atómicas, mientras que en la actualidad tienen entre 5.000 y 6.000.
En el pacto, El pacto supone una combinación de los objetivos que Bush y Putin habían fijado en su cumbre de noviembre en Washington, cuando anunciaron su disposición de reducir sus arsenales nucleares a los niveles ahora acordados.
El tratado consta de tres páginas, explicó un funcionario estadounidense que pidió el anonimato, algo inusitadamente breve para un acuerdo de desarme nuclear.
Además, EE.UU. consiguió su objetivo de no desmantelar todas las armas nucleares que se retiren, ya que una parte aún no revelada quedará almacenada y otra se empleará como repuesto operativo de las cabezas atómicas operacionales.
A cambio, Rusia consiguió que EE.UU. acceda a firmar un documento que será de cumplimiento obligatorio ya que tendrá que ser aprobado por el Congreso, lo cual no permitirá al Poder Ejecutivo dar marcha atrás. Bush prefería un simple acuerdo sin tener que haberlo sometido a examen de los legisladores.
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