Washington - La fuerte ayuda del Gobierno de Estados Unidos a hogares y empresas para paliar los efectos económicos de la pandemia del nuevo coronavirus provocó una disparada del déficit fiscal, de acuerdo datos del Departamento del Tesoro.
Washington - La fuerte ayuda del Gobierno de Estados Unidos a hogares y empresas para paliar los efectos económicos de la pandemia del nuevo coronavirus provocó una disparada del déficit fiscal, de acuerdo datos del Departamento del Tesoro.
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Con gastos de 1,1 billones de dólares e ingresos tributarios en caída, el rojo de las finanzas públicas estadounidenses en los primeros nueve meses del actual año fiscal (que culmina en setiembre) se disparó un 267% sobre igual período de 2019 hasta alcanzar los 2,74 billones de dólares.
“Empujado por el impacto de la crisis del covid-19 y la respuesta del Gobierno, el déficit de junio de 2020 fue de 864.000 millones de dólares, comparado con 8.000 millones en junio de 2019”, indicó el Tesoro.
La mayor parte de este incremento, 511.000 millones de dólares, respondió a la ayuda prevista en el marco de un paquete de 2,2 billones de dólares de la denominada ley CARES, destinada a comercios y empresas y a pagos directos a los contribuyentes y beneficiarios del seguro de desempleo.
Las cifras de este déficit en fuerte aumento no son una sorpresa y, de hecho, se espera que el Gobierno de Donald Trump, quien buscará la reelección en noviembre, realice más gastos adicionales en los próximos meses, en momentos en que el país registra récords diarios de contagios debido a la fuerte circulación del virus SARS-CoV-2 en el sur y el oeste.
Estados Unidos es el país más afectado del mundo por el covid-19, con más de 3 millones y medio de casos confirmados y unos 140.000 muertos.
En tanto, el incremento de gasto también pegó por el lado de los precios al consumidor, que repuntaron el mes pasado a un máximo de casi ocho años. Con todo, el rebrote de nuevos casos del nuevo coronavirus sugiere una moderación de la demanda que podría mantener la inflación contenida y permitir a la Reserva Federal seguir inyectando dinero al mercado.
La economía entró en recesión en febrero y los expertos advierten de una prolongada caída en ausencia de un esfuerzo nacional integral para combatir la pandemia del coronavirus, lo que hace que los consumidores sean cautos a la hora de gastar.
El índice de precios al consumidor aumentó un 0,6% el mes pasado, la mayor suba desde agosto de 2012.
El incremento, que puso fin a tres meses seguidos de caídas, fue impulsado por un alza del 12,3% de los precios de la nafta, que habían caído en los primeros cinco meses del año.
Los precios de los alimentos subieron un 0,6% después de haber aumentado un 0,7% en mayo. El costo de la carne vacuna se disparó un 20,4% en los últimos tres meses como resultado de las infecciones de covid-19 en los mataderos y frigoríficos.
En los 12 meses hasta junio, el IPC subió un 0,6% después de haber ganado un 0,1% en mayo, que fue el menor aumento interanual desde septiembre de 2015.
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