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«Creo que puedo hablar en nombre de toda la delegación de la ONU y decir que estamos conmocionados», decía Larsen mientras recorría el centro de lo que hasta hace unas dos semanas, era el campo de refugiados.
El ejército israelí invadió ese feudo de las organizaciones integristas palestinas buscando desmantelar las «infraestructuras terroristas», alegando que de allí han salido casi la mitad de los suicidas que se hicieron estallar en Israel a lo largo de la segunda Intifada. Pero a diferencia de otros lugares ocupados por Israel en su última ofensiva militar, los milicianos de Jenin ofrecieron una fuerte resistencia.
Sin embargo, en la última jornada, fueron rescatados con vida cinco palestinos, entre ellos dos niños y una mujer que permanecieron cuatro días enterrados. «Parece como si la zona hubiera sufrido un terremoto, y se siente un continuo hedor de muerte», afirmaba consternado el enviado especial. Larsen agregó que «evidentemente aquí hay muchísimos más cadáveres». Indignado por la actitud del ejército israelí, que prohibió el acceso de ambulancias y otros servicios de emergencia durante once días, Larsen se lamentó de las vidas que podrían haberse salvado. «Es moralmente repugnante que el ejército israelí no dejara entrar a organismos internacionales, que tal vez hubieran podido salvar a heridos», agregó.
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