Gordon Brown no está dispuesto a romper con EE.UU. en política exterior, pero sí a marcar
algunas diferencias. Al contrario que George W. Bush, parece favorecer una retirada más
rápida del grueso de las tropas británicas de Irak.
Londres (EFE, AFP, Reuters, ANSA) - El gobierno británico prepara una fuerte reducción de las tropas desplegadas en Irak, presionado por las cifras de bajas y por el informe de una comisión multipartita que advierte que a las fuerzas de la coalición sólo les quedan opciones «dolorosas».
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«Cometimos el pecado capital de estas intervenciones: tener objetivos absurdamente ambiciosos, recrear un Washington en Bagdad y recrear una democracia de estilo occidental a pleno rendimiento en un país de Medio Oriente», dijo ayer uno de los presidentes del grupo, el lord liberal demócrata Paddy Ashdown.
La comisión, con un deber similar al del Grupo de Estudio sobre Irak que se puso en marcha en Estados Unidos., no fija una fecha de retirada, sino que aboga por salir del país árabe tan pronto como haya concluido el entrenamiento de las fuerzas locales, independientemente de la situación de seguridad.
En caso contrario, «las milicias y los insurgentes pueden determinar el repliegue», consideró Ashdown. «Somos, en cierto modo, un objetivo para la violencia y, por tanto, necesitamos transferir este proceso a los iraquíes», añadió, en declaraciones al programa Sunday de la «BBC».
Según reveló ayer el periódico «The Observer», el gobierno trabaja ya en un repliegue de tropas y tiene previsto dar detalles al respecto esta semana.
Preparativos
La previsión más optimista que baraja Londres es que a fin de año sólo queden en Irak 1.500 de los algo más de 7.000 soldados que el Reino Unido tiene desplegados hoy, según el dominical, que citó fuentes del Ministerio de Defensa.
Por el momento, el Ejército británico está preparándose para retirar el próximo mes sus efectivos de su base en el aeropuerto de Basora,en el sur del país árabe, con lo que entregará la gestión de la última provincia que controlaba a los militares iraquíes.
Estas estrategias responden al objetivo del nuevo primer ministro, Gordon Brown, de desligarse de la política internacional de su predecesor, Tony Blair, que vio decaer su aprobación por el enojo de la población en torno a la guerra en Irak. Con todo, para no imitar a EE.UU., Brown aseguró que no retirará todas sus tropas de Irak.
El informe, de 119 páginas y al que tuvieron acceso los medios de comunicación británicos, destaca que la estrategia actual «está estancada» y no tiene ni un fin ni objetivos claros.
El canciller británico David Miliband no quiso ayer entrar en lo que calificó de «juego de predicciones» sobre cuánto tiempo permanecerán las tropas británicas en Irak, pero reconoció que éstas se encuentran ante «una situación muy difícil y muy peligrosa».
Con respecto al informe de la comisión, Miliband aseguró que lo evaluaría «en la forma solemne que requiere».
Gordon Brown debería intentar lograr la designación de un enviado de alto nivel de la ONU para facilitar la reconciliación política en Irak, según la comisión, que ha citado a testificar a militares, altos funcionarios, diplomáticos,empresarios, expertos en leyes y representantes de ONG.
«The Independent on Sunday» añadió aún más presión al gobierno al revelar que los soldados británicos destacados en Irak y Afganistán están sufriendo en lo que va del año bajas a un ritmo muy superior a 2006, lo que eleva las necesidades de atención a largo plazo de los veteranos. Este año han muerto 32 militares británicos en Irak, frente a los 29 que fallecieron en todo el año pasado.
Desde 2001, el número de soldados fallecidos asciende a 223 mientras que otros 573 sufrieron heridas que, en 238 casos, pueden poner en peligro sus vidas. Y otro dato revelador: el número de soldados tratados en hospitales se duplicó desde los 24.000 de 2002 hasta los 45.000 en 2004.
Compromiso
La publicación del documento se da en momentos en que varios ministros, entre ellos el de Foreign Office, Mark Malloch Brown, aseguran que la relación entre Gran Bretaña y Estados Unidos «ya no va de la mano» en política Exterior como había ocurrido bajo el mandato de Blair.
Sin embargo, el canciller David Miliband negó ayer un distanciamiento del gobierno de Brown con EE.UU., que sigue siendo, aseguró, el aliado más importante del Reino Unido. «Nuestro compromiso para trabajar con el gobierno de EE.UU., en general, y la administración (del presidente estadounidense, George) Bush, en particular, es decidido», señaló. El Reino Unido cuenta con «un nuevo líder firme», que va a ser «un socio valioso» de Washington, añadió Miliband.
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