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3 de agosto 2007 - 00:00

Japón exporta al mundo sus clubes de suicidio en la Web

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Tokio - Los primeros casos se detectaron en 2000. Los seis jóvenes procedían de diferentes prefecturas de Japón y jamás se habían visto. Lo único que los unía era el mismo mensaje -«¿morimos juntos?»- al que habían respondido afirmativamente en un foro de Internet.

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Uno se comprometió a alquilar la furgoneta; otro eligió un lugar aislado en un monte de Chichibu, al norte de Tokio; y entre todos se decidieron por la asfixia porque habían leído que era el único método que no dejaba señales en el cuerpo. «Una muerte bella», dejaron escrito antes de encontrarse en el lugar acordado, encerrarse en el vehículo y prender la estufa de carbón con la que se quitaron la vida.

Ha pasado un año desde que la policía encontró los seis cadáveres de Chichibu, y la ofensiva policial lanzada desde entonces no ha logrado frenar los pactos de la muerte en Internet. Otros dos grupos cometieron suicidios colectivos en abril. Los periódicos publican cada pocos días la noticia de un nuevo pacto sellado a través de decenas de clubes del suicidio que incluyen manuales con las «ventajas» de cada método y saludos a los recién llegados. «Si estás leyendo este mensaje es que todavía no has hecho lo correcto», se puede leer como bienvenida en uno de los portales todavía activos.

  • Estrategia

  • El ritual del suicido ha sido considerado honorable desde los tiempos del Japón feudal, formaba parte de la ética de los guerreros samurái y constituyó una de las principales estrategias militares de los soldados nipones en la Segunda Guerra Mundial. Ante el fracaso o el dolor, quitarse la vida ha sido siempre visto como la mejor salida. Ahora, gracias a Internet, también ha dejado de ser solitaria.

    Mitsuyo Ohira, quien sobrevivió a su intento de suicidio cuando era un adolescente y ha publicado el best seller de título «Y tú también puedes», asegura que el anonimato del mundo virtual ha creado una plataforma en la que unos suicidas animan a otros. «Los jóvenes expresan lo que sienten y otros corresponden de igual forma en la red. Esto los convence de que han encontrado a sus almas gemelas por primera vez en su vida», dice Ohira, hoy convertido en un abogado de éxito y activista contra el suicidio.

  • Propagación

    Pero los suicidas japoneses no sólo han encontrado cobijo en personas con las mismas tendencias entre sus compatriotas, sino que, además, han logrado exportar su glorificación del suicidio a medio mundo gracias a Internet.

    Lo que empezó en el país oriental en 2000 con un primer pacto en Internet se ha propagado en los dos últimos años a decenas de países, desde la isla de Guam en el Pacífico hasta Holanda y desde Australia hasta Lober de Aliste, un pueblo zamorano donde, en 2005, fueron detenidos tres jóvenes que iban a cometer el suicidio que habían planeado a través de la red.

    Stephanie Gestier y Jodie Gater, dos adolescentes australianas de 16 años, se convirtieron hace unas semanas en las últimas víctimas. Decidieron quitarse la vida tras encontrar en Internet una versión en inglés del «Manual Completo del Suicidio», un libro que ha vendido más de un millón de copias en Japón y que su autor, Wataru Tsurumi, defiende como «una elección personal e informativa» para quienes no desean seguir viviendo. «Antes, la gente escribía cartas o hacía llamadas por teléfono antes de matarse. Ahora tenemos Internet y es lo que se utiliza», dice Tsurumi.

    La cadena de suicidios en grupo ha llevado a varios países a reformar su legislación para castigar a quienes fomentan el suicidio en Internet. El Reino Unido se ha convertido en el tercer país, tras Japón y Corea del Sur, en víctimas de los clubes del suicidio. Al menos 16 británicos, la mayoría menores de 20 años, han muerto tras llegar a pactos en el ciberespacio en los tres últimos años, forzando a Londres a pedir la colaboración de los proveedores de Internet para que vigilen y eliminen los foros a favor del suicidio. Los jóvenes que incluyen estos días la palabra suicidio en un buscador británico encuentran enlaces que los llevan a organizaciones que trabajan en la prevención del suicidio en lugar de páginas donde se lo fomenta.

    Policías de países separados por miles de kilómetros han empezado a trabajar conjuntamente para suprimir los clubes del suicidio, irrumpiendo de incógnito en los foros y tratando de eliminar las páginas donde se promueve la muerte. Japón obliga ahora a los servidores a desvelar la información personal de cualquier usuario que muestre tendencias suicidas dentro de un plan nacional en el que una unidad especial de la policía se encarga de localizar a las potenciales víctimas antes de que sea demasiado tarde. A pesar de que el gobierno ha evitado un centenar de muertes en lo que va de año, algunos de los principales operadores, incluido 2 Channel, el mayor foro de Japón, se han negado a colaborar alegando el derecho a la intimidad de sus clientes.

  • Lucha desigual

    La policía japonesa admite que se encuentra ante una lucha desigual. Por cada Web japonesa que los agentes logran eliminar, surgen otras diez en las que jóvenes deprimidos buscan a alguien con quien organizar su muerte. Las conexiones suelen comenzar a menudo con una simple llamada en la que un internauta escribe un mensaje pidiendo voluntarios para un suicidio colectivo y espera pacientemente a que lleguen las respuestas. Una búsqueda realizada desde Tokio producía estos días cientos de mensajes. «¿Alguien quiere morir en la prefectura de Shizuoka?», se lee en uno de ellos. «Si querés, lo tengo todo preparado. Sólo me falta el coche», anima otro. «Busco a alguien para suicidarse conmigo. Respondé sólo si vas en serio», advierte un joven describiendo sus «20 años y seis meses» de vida miserable.

    Uno de los objetivos del gobierno japonés es eliminar la creencia de que quitarse la vida es una salida honorable: entre 80 y 100 japoneses se quitan la vida cada día.

    El Parlamento japonés ha dedicado una sesión exclusiva a crear medidas preventivas, marcándose el objetivo de reducir el número de muertes en 20% antes de 2016. Antes, y dentro de un plan nacional, el gobierno se ha lanzado a buscar la respuesta a la pregunta de por qué se matan los japoneses. Familiares, amigos y compañeros de trabajo de más de un millar de personas que se han quitado la vida serán interrogados para tratar de averiguar las causas.

    Sólo en Japón hay más de un millar de sitios Web dedicados al suicidio, una cifra que en todo el mundo llega a los 20.000 si se incluyen los foros de debate. La mayoría apenas dura unos días para reaparecer poco después con un nombre diferente.

    Las webs pro suicidio de Japón son las más explícitas, catalogando los diferentes métodos según la rapidez, el dolor que produce cada uno de ellos, el tiempo de agonía o el estado en el que será encontrado el cuerpo.

    Muchos de los foros han sido infiltrados por personas que no tienen ningún interés en suicidarse, pero que buscan que otros lo hagan.

    Un juez de Japón firmó recientemente la primera sentencia de cárcel para el organizador de un club del suicidio que fue detenido cuando se disponía a ayudar a dos niñas de 15 años a quitarse la vida por asfixia. Una de ellas ya se encontraba en el interior del coche cuando llegó la policía.
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