El descubrimiento fue hecho por un equipo que visitaba el centro de almacenamiento de municiones de Ukhaider, a unos 170 kilómetros de Bagdad. Las ojivas se encontraban en cajas selladas, y una vez halladas, se realizaron pruebas preliminares con rayos X y se extrajeron muestras.
«Las municiones químicas son uno de los ámbitos en los que decimos que Irak no rindió cuentas en su informe», declaró Boucher.
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