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2 de abril 2002 - 00:00

La tragedia de dos familias bajo fuego

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La familia palestina Zeidan pasa delante de la casa que debió alquilar en Belén, Cisjordania, tras haber sido destruida la suya por obuses israelíes.

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¿Podrán algún día convivir palestinos e israelíes?

El saldo de víctimas no hace más que aumentar y los diplomáticos hacen lo imposible para hallar una solución, pero personas como los Simon y los Zeidan son los que deberán tomar las decisiones más duras. Si la solución es impedir que el conflicto quede en manos de los fanáticos de ambos bandos, los políticos deberán escuchar a quienes más arriesgan la estabilidad en sus vidas. Exhaustos, deprimidos y amargados por la guerra, los Zeidan y los Simon sólo quieren algo de tranquilidad. Pero no ven forma de salvar las diferencias.



El mayor orgullo de Fayez era una amplia casa que construyó en Beit Jala prácticamente con sus propias manos. De tres pisos y una terraza,con vista hacia Gilo, estaba muy cerca de la iglesia Ortodoxa Griega a la que asistía con su familia. Tardó cuatro años en construirla, el tiempo que la pareja vivió con los padres de Fayez. Pero en mayo pasado los israelíes bombardearon la casa, afirmando que en el techo había un nido de francotiradores. Mariana, que a sus 9 años es la hija mayor de los Zeidan, recuerda el bombardeo: "Huimos de casa, y vimos cómo se quemaba hasta que encontramos refugio". Perdieron todo: "Todo mi dinero y trabajo de cuatro años se esfumaron en dos minutos", dice Fayez. No estaba asegurado y no cobró indemnización alguna de Israel. "Estoy a favor de la lucha por un estado palestino", explica. "Pero no sé si vale la pena disparar contra los israelíes si no podemos defendernos". Huyeron a un campo de refugiados, hasta que también éste fue arrasado por los israelíes, y los Zeidan terminaron en Belén. Narmin, su hija de 7 años, llora por la cama que perdió durante el bombardeo. Mishlin, de 5 años, se despierta por las noches gritando "¡Jesús mío, llévame contigo y protégeme!".



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