Los mandatarios de la Unión Europea (UE) encabezarán el comienzo de una cumbre en Bélgica y Bruselas para elegir al nuevo presidente de la Comisión Europea. Se descuenta que el elegido será el conservador luxemburgués Jean-Claude Juncker, a pesar del fuerte rechazo del premier del Reino Unido, David Cameron, por considerarlo demasiado integrista.
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Cameron exige una votación formal de los jefes de Estado y gobierno sobre el próximo presidente de la Comisión, algo que constituiría una novedad, pues hasta ahora ese puesto se elegía por consenso entre los líderes europeos.
Todo indica sin embargo que Cameron no logrará atraerse los apoyos suficientes para bloquear la candidatura de Juncker. En cualquier caso, la canciller alemana, Angela Merkel, que tras las vacilaciones iniciales apoyó después claramente a Jucker, no se lo pondrá fácil al conservador de Downing Street.
Los socialdemócratas del Parlamento Europeo se mostraron dispuestos a votar a mediados de julio a favor de Juncker, que necesitaría el apoyo de al menos 376 de os 751 eurodiputados de Estrasburgo.
En vista de las fuerzas populistas y de extrema derecha, el Partido Popular Europeo (PPE) integrado por conservadores y democristianos y los socialdemócratas han unido fuerzas y en la práctica se ha formado una especie de gran coalición informal que garantizaría las mayorías necesarias en un complejo Palamento Europeo.
Tras las elecciones europeas de mayo Juncker se impuso como el principal candidato, al ser el hombre propuesto por el partido más votado, el PPE. Sin embargo, ello no obligaba a los jefes de Estado y gobierno a aceptarlo al frente de la Comisión, puesto que la elección de ese puesto siempre se ha hecho de otra manera.
En la práctica, ahora el Parlamento Europeo ha impuesto un candidato a los jefes de Estado y gobierno, lo que supone un signo de un cambio de poderes en el aparato europeo. Juncker es un político experimentado en el seno de la UE y políglota, pero ello no quiere decir que atraiga por unanimidad el apoyo de todos los líderes europeos.
Juncker es sin embargo sólo un lado de la medalla, pues hay que repartir el resto de los puestos de la UE y la centro izquierda europea también exige su parte. La primera ministra danesa, la socialdemócrata Helle Thorning-Schmidt, se está barajando ya como sucesora del democristiano Herman Van Rompuy al frente del Consejo Europeo, un puesto que se decidirá a finales de noviembre. Y para el puesto de jefe de la diplomacia europea que ocupa actualmente Catherine Ashton, se cuenta con una competencia entre la ministra de Exteriores italiana Federica Mogherini y su homólogo polaco Radoslaw Sikorski.
Además, conservadores y socialdemócratas ya acordaron compartir la presidencia de la Eurocámara en los próximos cinco años. Los primeros dos años y medio el puesto estará en manos de un socialdemócrata y después de un miembro del PPE, acordaron el alemán Martin Schulz y el conservador Manfred Weber, una fórmula que deben ratificar todavía los grupos parlamentarios.
Sin embargo, fuentes diplomáticas señalaron que en la cita se decidirá sólo sobre el nombramiento de Juncker y negaron que vaya a tomarse una decisión sobre el reparto del resto de los puestos, pese a la petición del primer ministro italiano, el socialdemócrata Matteo Renzi.
Los socialistas exigen también concesiones de contenido, como por ejemplo un mayor margen para los incumplidores de los límites de déficit. Una declaración previa a la que tuvo acceso dpa habla de una "aplicación total" de la flexibilidad al implementar el pacto de estabilidad. Ya en estos momentos se está concediendo más tiempo para ahorrar a los incumplidores, si la economía no va según lo esperado.
Antes de despedirse, Van Rompuy invitó a los jefes de Estado y gobierno a Ypern, en el oeste de Bélgica, donde los líderes europeos recordarán el centenario del inicio de la Primera Guerra Mundial, antes de hacerse la foto familiar y de su cena informal, quizá en un intento de concienciar a sus invitados de que pese a todas las dispuestas no deben olvidar desafíos centrales como asegurar la paz.
Y en ese tema el principal reto es Ucrania, algo que los líderes europeos abordarán con la firma de los acuerdos de asociación con Ucrania, Georgia y Moldavia, cerrando filas pese a las amenazas de Rusia.
Las relaciones con los vecinos del este dominaron la agenda en los últimos siete meses, desde que el entonces presidente ucraniano Viktor Yanukovich dio la espalda en el último momento a ese acuerdo de asociación y libre comercio con el bloque, algo que fue el desencadenante de las protestas primero y del conflicto después. El viernes, el presidente ucraniano, Petro Poroshenko, acudirá a Bruselas a firmar el acuerdo.
Además los líderes de la UE podrían decidir nuevas sanciones contra Moscú si la situación en Ucrania sigue deteriorándose y Rusia no apoya lo suficiente el plan de paz de Poroshenko. Sin embargo fuentes diplomáticas apuntan a la falta de consenso para aprobar fuertes castigos económicos.
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