«No encontrará asesinos enfermos mentales como el que dispara contra la gente en Washington en una feria como ésta», asegura un coleccionista de armas que sólo se identifica como «Las personas que se ven aquí son en su mayoría respetuosas de la ley y en una proporción probablemente superior a la de cualquier otro grupo de norteamericanos. Sólo quieren ejercer su derecho de comprar y de tener armas de fuego», agrega este profesor, de 52 años.
Las familias se pasean tranquilamente en los pasillos donde se exponen fusiles de caza y armas automáticas, comprando «hot dogs» y pizzas, así como pistolas de plástico y reproducciones de vehículos militares para sus hijos.
Todos los años se montan miles de ferias de armas en Estados Unidos, atrayendo a unos cinco millones de norteamericanos. de «Un control más severo del acceso a las armas no ayudará jamás a desarmar a los criminales, incluyendo al francotirador de elite (de Washington), sino solamente a sus víctimas potenciales, haciendo más seguras las actividades de los criminales», afirma Charles.
Los partidarios de una reglamentación más estricta de las ventas de armas destacan, a su vez, que los vendedores de feria no están sujetos a la obligación que sí acatan los armeros, de esperar tres días antes de vender un arma a sus clientes para verificar su pasado.
Un proyecto de ley que extiende esta obligación a los vendedores de feria está bloqueado en el Senado desde 1998. Los adversarios del proyecto señalan que esta nueva obligación sería la muerte de las ferias, que no duran más de un fin de semana, es decir, menos de tres días.
El grupo de presión de armas de fuego es muy influyente en Estados Unidos. Está representado en especial por la National Rifle Association (NRA), que cuenta con varios millones de adherentes.
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