La entrevista que Evo Morales concedió al diario español «El Mundo» muestra una versión aun más radicalizada del presidente boliviano. Justifica su llamativo acercamiento a Irán, expone con énfasis su alineamiento con Fidel Castro y Hugo Chávez, arremete con dureza contra las empresas extranjeras y avala la amenaza del venezolano de intervenir militarmente en su país, sumándose a la consigna de aquél de convertirlo en un «nuevo Vietnam».
Evo Morales, puño izquierdo en alto e himno
voz en cuello. Se negó a tomar distancia
de la amenaza de Hugo Chávez de
intervenir militarmente en Bolivia, pese a
una moción en ese sentido votada por el
Senado.
Periodista: La reciente e insólita visita del presidente de Irán a Bolivia ha causado sorpresa. Jamás un presidente iraní había visitado su país y ni siquiera tenían relaciones diplomáticas. ¿Hasta qué punto ha influido Hugo Chávez en este hecho?
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Evo Morales: No es que Chávez nos traiga agarrado del cogote al presidente de Irán. Mi gran deseo como dirigente sindical era fortalecer la lucha antiimperialista, reuniendo en un evento internacional a grandes líderes presidentes como Fidel Castro, Chávez, Lula o Kirchner, con los movimientos sociales. Después, pensé en una alianza entre Sudamérica y Oriente Medio. Fue iniciativa de Lula reunir a los jefes de estado de África y Sudamérica (Nigeria, noviembre de 2006). El contacto con el presidente iraní viene de entonces. Además, he recibido mensajes por distintos lados: de Cuba, de Venezuela. No puedo negar esos mensajes: que Irán quiere acercarse, que quiere tener relaciones... Estuvimos en reuniones el año pasado, y hubo conversaciones con Irán en Cuba. Nuestro canciller, aprovechando la última reunión de los Países No Alineados en Teherán (en setiembre), acordó propuestas concretas y relaciones diplomáticas. Y sobre todo ese trabajo, llega el presidente iraní. Nuestro país necesita inversión. Y si hay países como Irán que quieren invertir, ayudar en cooperación y con créditos de manera incondicional, bienvenidos. Si tuviéramos dinero para tener embajadores en todo el mundo, lo haríamos. Pero aquí no vamos a romper relaciones con nadie, por más que vengan a boicotearnos o sabotearnos algunas embajadas. No habrá acuerdos para guerras, no va a haber acuerdos para una carrera armamentista ni para armas nucleares.
P.: Irán ha anunciado una inversión de 1.100 millones de dólares en 5 años, y Estados Unidos advierte que es «asunto de seguridad nacional» la influencia de Irán en América latina y que podría tomar medidas. ¿No le preocupa?
E.M.: En Latinoamérica se profundizan las democracias liberadoras y no sometidas al imperio. Seguramente es una preocupación de Estados Unidos el seguir pensando que Latinoamérica es su patio trasero.
Negociaciones
P.: Bolivia sufre el grave problema de la falta de inversiones. ¿Cómo valora lo que está ocurriendo?
E.M.: Las negociaciones con las multinacionales son durísimas. Hay una corriente dentro de algunas empresas petroleras que tiende al sabotaje y al chantaje. Son acciones políticas. Les pido públicamente que no se venguen con Evo Morales, porque tomamos la decisión de nacionalizar nuestros hidrocarburos y recursos naturales. Es un derecho nuestro. Pero también estamos planteándonos un plan B. Habrá inversiones extranjeras, como los casos de Irán y Venezuela, y no nos vamos a quedar ahí.
P.: Es decir, su próxima gira por los países árabes está en ese contexto de buscar más apoyos.
E.M.: Sí, veremos ese tema.
P.: ¿No cree que el lenguaje agresivo que emplea con las multinacionales perjudica la inversión? Ha acusado a Transredes (filial de la británica Ashmore) de financiar una conspiración contra su gobierno.
E.M.: Las multinacionales son buenas para comprar dirigentes y políticos. Pese a que hay una fortaleza democrática, tratan de conspirar. En el pasado financiaron golpes de Estado y guerras, y todavía quedan restos de este tipo de pensamiento en las petroleras, que además saben que la Cámara Nacional de Hidrocarburos de Bolivia siempre ha sido el mejor instrumento de la derecha. Les pido que abandonen esos intentos de conspiración.
P.: ¿Le incomoda que Chávez hable de intervenir militarmente en Bolivia si se da un golpe de Estado o un intento de magnicidio?
E.M.: Es verdad que los conservadores están tocando las puertas de algunos regimientos de las fuerzas armadas desde el año pasado. Pero sin resultado, porque los comandantes ya tienen otra mentalidad. Son militares de otra generación y participan activamente en temas sociales y en cambios estructurales. Si el imperio se mete en Latinoamérica, Latinoamérica va a ser el segundo Vietnam para el imperio. Quienes repudian las declaraciones de Chávez son las oligarquías, los conservadores, los pro imperialistas. Y con eso me hacen una gran campaña, es una alegría para mí. Yo estaría preocupado si mis compañeros dirigentes campesinos, o indígenas, protestaran. Pero están felices.
P.: ¿Qué organismo controla el uso de los cheques venezolanos de cientos de miles de dólares que está entregando a los alcaldes?
E.M.: El mejor control son los movimientos sociales. Los alcaldes nos traen propuestas concretas: necesidades directas del pueblo. Pasa por el presidente y el alcalde controla que se ejecuten las obras. Más transparencia, imposible. Y no ocurre como con los fondos de USAID (Estados Unidos), que financian ocultamente fundaciones que no pasan por el control del presidente, ni el prefecto, ni el alcalde. Fundaciones para asesorar a la oposición, para conspirar contra el gobierno. Esa es la diferencia.
P.: La asamblea que debe aprobar la nueva Constitución, el gran proyecto estrella del gobierno, está paralizada. ¿Dónde está el verdadero obstáculo?
E.M.: La oposición no quiere que acabe. Porque ellos van a perder los dos tercios de los votos. Les sobran razones para impedir que la Asamblea Constituyente avance: el tema de la tierra; de los recursos naturales; o el tema de la reelección presidencial. Su deseo es que la Constituyente fracase.
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