El primer
ministro Nuri
al-Maliki en
una conferencia
de
prensa en
junio de
2006. Ayer
el mandatario
arremetió
contra los
funcionarios
estadounidenses
que
generaron
una ola de
censuras
contra su
gobierno.
Bagdad (EFE, AFP, Reuters, ANSA) - Altos líderes chiitas, árabes sunitas y kurdos anunciaron ayer que llegaron a un consenso sobre algunos proyectos de ley clave que Estados Unidos considera vitales para impulsar la reconciliación nacional. La aparición en televisión del primer ministro iraquí, Nuri al-Maliki, junto a otros líderes fue una inusual muestra pública de unidad, en medio del tambaleante respaldo internacional al gobierno del mandatario.
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Los otros funcionarios presentes en la conferencia de prensa fueron el presidente Jalal Talabani, un kurdo, el vicepresidente Tareq al-Hashemi, de la comunidad sunita, el segundo vicepresidente, Adel Abdul-Mahdi, un chiita, y Masoud Barzani, jefe de la región semiautónoma de Kurdistán.
Funcionarios locales afirmaron que los líderes firmaron un acuerdo para reducir las limitaciones contra antiguos miembros del Partido Baath de Saddam Hussein, a fin de que puedan ser incluidos en los servicios civiles y militares del país.
«Ellos han firmado un nuevo acuerdo sobre la desbaathificación», sostuvo Yasin Majid, un asesor de Al-Maliki. Otros señalaron que también llegaron a consensos para la celebración de elecciones provinciales y la liberación de detenidos sin cargos formales, una demanda clave de árabes sunitas, dado que la mayoría de los presos pertenece a su comunidad.
Majid indicó que los líderes también aprobaron el borrador de un proyecto de ley sobre la distribución de los recursos provenientes del petróleo, que ya había sido avalado por el gabinete pero aún no ha llegado al Parlamento.
Frustración
La ley es considerada como la más importante de una serie de medidas legislativas, que han estado en punto muerto debido a las disputas políticas entre los partidos de la coalición de Al-Maliki, reticentes a establecer un compromiso.
La falta de acciones políticas ha frustrado al gobierno del presidente de Estados Unidos, George W. Bush, quien busca incentivar más avances en la reconciliación antes de la presentación ante el Congreso de un significativo informe sobre la situación en Irak, previsto para el mes próximo.
El documento del comandante estadounidense en Irak, general David Petraeus, y del embajador Ryan Crocker, es considerado como un posible punto de quiebre de las políticas sobre la guerra de los últimos cuatroaños. Como consecuencia, los demócratas podrían valerse de los pocos progresos políticos para presionar por el retiro de las tropas estadounidenses de Irak.
Bush ha pedido paciencia, destacando el aparente éxito militar en la disminución de los niveles de violencia entre la mayoría de musulmanes chiitas y la minoría de árabes sunitas.
Sin embargo, los demócratas no están convencidos. La senadora estadounidense Hillary Clinton, aspirante a candidata presidencial de los demócratas, y su compañero legislador Carl Levin pidieron que el primer ministro sea reemplazado.
El irritado premier respondió ayer a las críticas. «Hay funcionarios estadounidenses que consideran que Irak está dentro de sus regiones, como por ejemplo Hillary Clinton y Carl Levin», dijo en una conferencia de prensa. «Les pido que entren en razón y hablen de una manera respetuosa sobre Irak», agregó Al-Maliki. Además, exigió una disculpa al gobierno francés, después de que el ministro de Relaciones Exteriores, Bernard Kouchner, también solicitara su destitución.
Repliegue
En ese marco, el destacado senador republicano John Warner aseguró que debido a la presión para retirar las tropas de Irak, la Casa Blanca discutirá sobre la proporción de su contingente en ese país para el próximo año. «Claramente, tenemos un problema y es mejor resolverlo», dijo Warner, quien la semana pasada había pedido a Bush que comience el repliegue de los soldados.
Warner, el senador de mayor rango en el Comité de Fuerzas Armadas de la Cámara alta, señaló que es fundamental que la Casa Blanca comience a dar los «primeros pasos» de la retirada, para enviar un mensaje «claro y contundente» al gobierno iraquí, a la región y a los propios estadounidenses en el sentido de que el compromiso de Washington en Irak no es indefinido.
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