Ayer se ofendió la prensa grande de Brasil porque Lula Da Silva se puso la gorra y tomó una pelota con los símbolos de los «sin tierra». Lula aparentemente se pone junto a los ultras, pero su política es ortodoxa, de respeto a la democracia, a las instituciones y al crecimiento futuro (con inevitables traspiés en lo inmediato). Aquí el kirchnerismo opera al revés: hace simbolismo pro yanqui al permitir la inmunidad de soldados norteamericanos que vengan al territorio (sería una excepcionalidad con poco riesgo de que alguno cometiera un delito), lanza a sus voceros a «criticar» en forma light a la esposa del ministro De Vido como «auditora» en la SIGEN (como si hacer un negociado se basara en algo tan obvio y descartable como que el «control» sea de un «pariente»). La realidad no simbólica para la tribuna está hoy en ir ahogando la iniciativa privada, enmudeciendo a la prensa, izquierdizando la Corte Suprema. Estilos distintos de gobernar, pero Brasil tiene 750 puntos de riesgo-país y la Argentina 4.572. ¿Diferente, no? Porque en el mundo gobiernos e inversores no se dejan engañar con «simbolismos» y sí ven las reales intenciones.
Varios congresistas coincidieron en recibir el gesto como un «incentivo» a los saqueos e invasiones promovidas en los últimos días por los sin tierra, resaltó la prensa, que reflejó las reacciones de los legisladores.
«Ese acto fue uno más de las improvisaciones» del presidente, dijo el líder del Partido Popular Socialista (PPS),
La defensa del mandatario estuvo a cargo del líder del gobierno en la Cámara de Diputados,
En medio de la polémica, el líder del opositor Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB, del ex presidente
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