Beirut (EFE, AFP, Reuters, ANSA) - La guerra entre Israel y la milicia chiita de Hizbollah cumplió ayer su séptimo día con nuevos bombardeos que se cobraron la vida de más de treinta personas. La continuación de esos ataques hace temer una crisis humanitaria, ya que medio millón de libaneses, según cifras de UNICEF, han huido de sus casas sin víveres.
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Según el representante en Beirut del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), Roberto Laurenti, las personas se vieron forzadas a huir del país, donde la situación humanitaria es «al mismo tiempo alarmante y catastrófica». La portavoz de la ONU en Ginebra, Marie Heuzé, aseguró que habría más de un millón de desplazados y que la cifra aumentará con los días.
«Escuchamos y vemos a una población que se siente atrapada, mientras es sometida a ataques indiscriminados», dijo el coordinador de emergencias de la ONU, Jan Egeland, y subrayó que «en esta situación es imposible para Naciones Unidas u otra organización proveer víveres a gran cantidad de personas».
«Falta de todo, no hay agua, ni comida, ni bolsas de dormir para echarse aunque sea en la tierra. La situación sanitaria e higiénica es dramática», informó Sarjun Kuntar, miembro de una organización no gubernamental libanesa.
En el parque público de Sanayeh, en el centro de Beirut, permanecen acampando muchas familias con niños. «No teníamos salida. Nuestra casa está cerca del aeropuerto de Beirut. Los niños estaban aterrorizados, ya no dormían ni comían», contó un hombre llamado Hassan, quien junto a su mujer y sus tres hijos duerme en los asientos del parque.
Paralelamente, la evacuación de extranjeros por barco y helicóptero continuaba,organizada por diferentes gobiernos,y ya se ha convertido en una de las más importantes desde la Segunda Guerra Mundial. Según fuentes de los países con ciudadanos en Líbano esperaban abandonar más de 8.000 franceses, 5.000 estadounidenses, 1.230 rusos, 1.200 daneses, 600 australianos, 400 latinoamericanos y 200 noruegos.
La ofensiva en Líbano, que revive los momentos más oscuros de guerras pasadas, comenzó cuando Hizbollah secuestró a dos soldados israelíes en la frontera el 12 de julio y pidió a cambio la liberación de prisioneros sospechosos de participar en actos terroristas. En una semana, el fuego cruzado ya costó la vida de 254 personas, en su mayoría civiles.
Más cohetes
Hizbollah reivindicó nuevos lanzamientos de cohetes Al-Qassam hacia el norte de Israel, concretamente contra ciudades como Haifa, Safed y Tiberíades. Un israelí murió en uno de estos ataques en Nahariya, ciudad fronteriza con Líbano, lo cual eleva a 13 el saldo de civiles israelíes que perdieron la vida en estas ofensivas. En total, Haifa, ciudad situada a más de 40 km de la frontera libanesa, ha recibido más de 700 cohetes lanzados por los milicianos en los últimos siete días.
Ayer Israel bombardeó blancos relacionados con el ejército libanés, entre ellos un cuartel cercano a Beirut en el que perecieron 11 militares. Además, fueron de nuevo atacados el aeropuerto de Beirut, que sigue cerrado, rutas de acceso a Siria y caravanas de camiones que circulaban por la capital. En uno de esos despliegues, un jordano y un civil libanés perdieron la vida, y cinco sufrieron heridas.
Asimismo, los cuerpos de seis miembros de una misma familia fueron extraídos de los escombros de su casa, destruida por un bombardeo en el pueblo de Cala, indicó la policía.
Por último, cinco libaneses murieron y 43 resultaron heridos, siete de ellos en una iglesia, en ataques aéreos y tiros de artillería en varios pueblos fronterizos de Líbano sur y del valle de la Bekaa. Además, los cuerpos de nueve civiles fueron extraídos de los escombros de una casa de dos plantas donde vivían dos matrimonios con sus nueve hijos.
Desde Jerusalén, portavoces militares anunciaron que habían destruido cuatro camiones procedentes de Siria que transportaban armas y municiones destinadas a Hizbollah, en la región de la Bekaa, al nordeste de Líbano.
Por su parte, el vicecomandante del ejército israelí, general Moshe Kaplinsky, afirmó que «en la fase actual no estimamos tener que activar fuerzas de tierra en amplia escala en Líbano, pero de ser necesario hacerlo, lo haremos», dijo a la radio militar israelí. En estos días, altos oficiales israelíes habían dicho que pequeñas unidades de comando efectuaron acciones puntuales en el sur de Líbano contra estructuras de Hizbollah.
Kaplinsky dijo que la ofensiva finalizaría dentro de unas pocas semanas, añadiendo que Israel necesitaba más tiempo para completar «objetivos muy claros».
Mientras tanto, un sondeo publicado en el diario «Yedioth Ahronoth» mostró que una gran mayoría de los israelíes apoyaba la ofensiva en Líbano y muchos creen que el líder de Hizbollah debería ser asesinado. Según la encuesta, 86% de los israelíes considera justificados los ataques del ejército contra Líbano.
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