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16 de noviembre 2007 - 00:00

Mejor Sarkozy: decae el apoyo a la huelga

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Los sindicalistas franceses del transporte siguen adelante con su impopular huelga en defensa de sus privilegios previsionales. Los franceses lo sufren, pero se esperanzan con las negociaciones que han comenzado.
París (DPA, AFP, EFE) -La huelga de los trabajadores del transporte público de Francia, que provoca un caos en el tránsito, continuará hoy por tercer día consecutivo, anunciaron ayer los sindicatos que llevan adelante la protesta contra la reforma previsional impulsada por el presidente Nicolas Sarkozy.

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Mediante resoluciones votadas en asambleas, siete organizaciones sindicales (CGT, CFDT, FO, CFTC, Unsa, Sud-Rail y CFE-CGC) decidieron proseguir con la huelga hoy. El sindicato Fuerza Obrera señaló que 90% de los trabajadores de tres grandes ciudades francesas (París, Marsella y Burdeos) resolvió continuar con la medida de fuerza.

En la red de servicio público de París, donde cuatro de los ocho sindicatos sostienen el paro, la patronal informó ayer que la huelga era cumplida por 27,2% de los trabajadores, en tanto cinco de las 14 líneas de colectivos estuvieron paralizadas y tampoco circularon dos de las principales líneas del subte.

En los ferrocarriles, 46% de los trabajadores hizo huelga, según consignaron fuentes sindicales, y funcionaron sólo 250 de los 700 trenes de alta velocidad.

Si bien el alcance del paro disminuyó ayer en relación con la jornada anterior, el tránsito en París y su periferia y en otras ciudades siguió siendo una odisea para la mayoría de los usuarios.

Los embotellamientos alrededor de la capital francesa llegaron a ser de 300 kilómetros debido a que muchas personas optaron por utilizar sus vehículos ante la falta del servicio público de transporte.

Muchos parisinos pidieron una jornada de descanso suplementario o se alojaron en casa de amigos u hoteles cercanos a sus lugares de trabajo para evitar las complicaciones originadas por la huelga.

  • Tratativas

    Las calles de París aparecieron atestadas de automóviles, motocicletas y bicicletas mientras muchas personas optaron por caminar para llegar a sus destinos.

    En tanto, el gobierno realizaba nuevas tratativas para lograr la suspensión del paro, dando un mes de plazo a empresarios y sindicalistas, pero el desacuerdo continuaba.

    Los trabajadores iniciaron la huelga contra la iniciativa del gobierno de eliminar los regímenes especiales de jubilación que benefician a medio millón de empleados del transporte público, que les otorgan la posibilidad de jubilarse a los 50 años, con menos tiempo de aportes y con asignaciones superiores.

    El presidente Sarkozy sostiene que ese sistema constituye un «privilegio» para un sector en detrimento de la situación de la mayoría de los trabajadores franceses y ha hecho de esta reforma el gran test sobre la vocación transformadora de su presidencia.

    En una situación similar se encuentran los trabajadores de las empresas energéticas, que amenazan con cortar el suministro domiciliario, mientras sectores estudiantiles se han sumado a las protestas.

    El primer ministro francés, François Fillon, volvió a hacer un llamamiento a la « responsabilidad» para que finalice el conflicto y empiece la negociación.
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