La crisis política de Bolivia mantuvo ayer en vilo a la población de ese país y a los gobiernos de la región, a la espera de que el Congreso defina hoy si acepta o rechaza la renuncia de Carlos Mesa. La sensación que prevalecía anoche indicaba que su dimisión sería rechazada, por lo que Mesa seguiría hasta 2007. El líder del Senado y eventual sucesor, Hormando Vaca Diez, arriesgó esa opinión. En otra señal, el líder cocalero Evo Morales, señalado como principal responsable de la agitación que sufre el país, dijo que su bancada votará por la continuidad del mandatario. EE.UU., la Argentina y Brasil también apostaron a su permanencia. Lo que Mesa busca es fortalecerse con un pronunciamiento del Legislativo para hacer frente al creciente activismo. La crisis pone en juego la provisión de gas boliviano a la Argentina y la propia explotación racional del recurso en ese país, cuya nacionalización exige la oposición. Esto cuestiona la viabilidad económica y política de Bolivia, toda vez que las principales regiones del país han amagado en los últimos meses con intentos secesionistas.
En el documento, que es analizado por los jefes de las bancadas parlamentarias, Mesa advirtió a los congresistas que hay grupos radicales que ponen en riesgo el futuro del país, como ya anticipó el domingo en el sorpresivo discurso dirigido a la nación en el que anunció su dimisión. Según analistas, el hecho de que su renuncia no sea irrevocable es
Desde su anuncio, el mandatario recibió el apoyo de miles de manifestantes, quienes se reunieron a las puertas del Palacio de Gobierno. Grupos leales al presidente dimisionario fracasaron en su intento de obligar a levantar el bloqueo que mantiene aislada a El Alto, lo que derivó en escaramuzas que no pasaron a mayores debido a la acción policial.
Mientras, el líder de los indígenas aymaras, el izquierdista
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