El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, visitó a los familiares de las víctimas del tiroteo de un cine en Colorado, que causó 12 muertes, y ofreció su apoyo, aunque evitó cuestionar las leyes que permitieron al tirador adquirir todo un arsenal.
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Obama llegó en el Air Force One para una breve parada en Aurora (Colorado), ciudad donde se produjo la masacre, y antes de marchar para eventos de campaña en California y Nevada visitó a heridos y los familiares de algunos de los doce muertos en el hospital universitario de Colorado.
El presidente charló y reconfortó a las familias acompañado por el gobernador de Colorado, John Hickenlooper, y tuvo tiempo para visitar a pacientes en la unidad de cuidados intensivos del hospital.
"He tenido la oportunidad de dar algunos abrazos, de derramar lágrimas y también de compartir risas", indicó el presidente, quien recordó que "incluso en los días más oscuros la vida continúa" y el país piensa en ellos.
Obama felicitó a los médicos, equipos de emergencias y agentes de policías encargados de este complicado caso desde el viernes por su "gran coraje y determinación".
A la caída de la noche, cientos de vecinos de Aurora se reunieron para homenajear a las víctimas con cantos y altares improvisados a la memoria de los fallecidos.
Obama dijo que en los próximos días y meses buscarán "arreglo para que esta violencia sin sentido no vuelva a ocurrir", pero evitó polemizar sobre las leyes de armas que permitieron que el presunto pistolero, James Holmes, de 24 años, adquiriera un equipo propio de un miembro de las fuerzas especiales.
Momentos antes de llegar a Aurora, el portavoz de la Casa Blanca, Jay Carney, a bordo del Air Force One, aseguró que el presidente "cree que podemos tomar medidas para mantener las armas lejos del alcance de personas que no deberían con las leyes existentes".
El presidente "considera que necesitamos tomar medidas para proteger los derecho de la Segunda Enmienda, al tiempo que no permitimos que armas lleguen a las manos equivocadas".
El hospital que visitó Obama recibió momentos después de la masacre 23 heridos, uno de los cuales falleció por las heridas, mientras que doce fueron dados de alta y diez permanecen ingresados, siete de ellos en estado crítico.
La Segunda Enmienda de la Constitución consagra el derecho de los estadounidenses a la tenencia de armas y el Tribunal Supremo siempre ha fallado en su favor frente a los intentos de algunos estados y ciudades por limitarlo.
La madrugada del viernes, James Holmes irrumpió en un cine de la localidad de Aurora mientras se proyectaba el estreno de la última película de Batman y la emprendió a tiros con la multitud, causando la muerte de 12 personas y heridas a más de medio centenar.
Obama mantuvo un notable silencio sobre la posesión de armas durante su mandato, mientras que su rival republicano en las elecciones, Mitt Romney, abogó por proteger el derechos a llevar armas ante la poderosa e influyente Asociación Nacional del Rifle.
El jefe de policía de Aurora, Dan Oates, dijo que Holmes es una persona muy inteligente y con extremada sangre fría que trazó un macabro plan durante meses para matar y que ahora se resiste a cooperar con la investigación.
Los motivos que llevaron a Holmes a matar indiscriminadamente desconocidos en una sala de cine y a mantener en vilo a los más expertos agentes federales, estatales y locales de Estados Unidos durante tres días aún sigue siendo un misterio.
Mañana, Holmes comparecerá ante el tribunal de distrito del condado de Arapahoe, una vista previsiblemente breve en la que se le informará de qué va a ser investigado por la muerte de las 12 personas y las heridas causadas a otras 58 y se fijarán sus condiciones para prolongar su detención aislada.
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