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10 de agosto 2007 - 00:00

"Pakistán no combate a islamistas"

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Después de más de 30 años analizando la política paquistaní, Hasan Askari Rizvi se ha convertido en un politólogo de referencia para los medios de comunicación de su país. Gracias al prestigio obtenido por sus numerosos libros sobre las relaciones entre el poder político y militar en Pakistán, el profesor Rizvi se ha pasado los últimos años a caballo entre su país y los EE.UU., donde ha dado clase en las universidades de Columbia y Johns Hopkins. No obstante, ha decidido pasar los próximos meses en su tierra natal donde, dada la efervescencia política, su análisis se hace más necesario que nunca.

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Periodista: Hace poco se ha conocido la existencia de una reunión secreta entre Benazir Bhutto (ex presidenta de Pakistán) y el general-Musharraf (el actual jefe del Ejecutivo). ¿Cómo la valora?

Hasan Askari Rizvi: Hace más de dos años que los dos líderes mantienen contactos, pues un acuerdo podría satisfacer los intereses de ambos. Si el general retira los cargos de corrupción contra Bhutto, ella podrá volver al país y participar en las elecciones de noviembre. Por su parte, Musharraf necesita la legitimidad que le daría el apoyo del Partido del Pueblo de Pakistán (PPP), primera formación política del país. Sin embargo, ahora que la mayoría de la población quiere la dimisión del presidente, los incentivosdel acuerdo para el partido de Bhutto se han reducido mucho.

P.: Ahora que ya pasaron algunas semanas, ¿cuáles han sido las consecuencias políticas de la crisis de la Mezquita Roja?

H.A.R.: Como Musharraf salió debilitado, el verdadero ganador ha sido el MMA (una coalición que agrupa a varios partidos islamistas), ya que fue capaz de divulgar la idea de que el gobierno actuó brutalmente, jugando hábilmente la carta victimista. Sin embargo, el enfrentamiento era inevitable. Si algo se le puede recriminar al presidente es haber tardado demasiado en actuar.

P.: ¿Insinúa que los extremistas están infiltrados en la Administración?

H.A.R.: Más que infiltrados, cuentan con las simpatías de algunos miembros del gobierno y del partido creado por Musharraf. Estos últimos años, el gobierno sólo ha actuado contra algunos de estos grupos bajo la presión de Estados Unidos. En la mayoría de los casos, se limita a ignorar sus actividades, aunque sean ilegales.

P.: Sin embargo, Musharraf se presenta como el baluarte del laicismo ante el peligro islamista...

H.A.R.: Sí, ha sido muy exitoso en esta campaña publicitaria, pero la realidad es bien distinta. El Ejecutivo mantiene una actitud muy ambigua porque le interesa el ascenso del discurso islamista para contrarrestar el de la oposición liberal, a la que considera un peligro mayor, y cuyas actividades sí son continuamente prohibidas.

  • Exageración

    P.: ¿Considera un escenario posible la toma del poder por parte de los islamistas?

    H.A.R.: No es posible. Es una exageración. La mayoría del ejército es fiel a los ideales patrióticos y el apoyo entre la población a los islamistas es minoritario, aunque cuentan con una base muy ideologizada y militante. Tradicionalmente, no han obtenido más de 5% de los votos. Ahora el Estado podría destruir las bases de su poder, pero si continúan fortaleciéndose, en cuatro o cinco años quizá ya no podrá.

    P.: En la Administración Bush creen que Musharraf podría hacer más en la lucha contra los talibanes.

    H.A.R.: Es una cuestión difícil. Es posible que en el ejército algunos vean a los talibanes con buenos ojos en comparación con Karzai, debido a las simpatías del presidente afgano hacia la India. Pero, por otro lado, la presencia del Estado en las zonas tribales es muy débil, por lo que cualquier intervención militar sin el apoyo de la población implica un elevado número de bajas.

    P.: ¿Cree que Musharraf conseguirá mantenerse en el
    poder?

    H.A.R.:
    Lo tiene difícil. Tras la destitución del jefe del Tribunal Supremo, Musharraf es un dictador menguante. Los próximos meses van a ser decisivos, ya que se van a celebrar elecciones regionales, parlamentarias y presidenciales. Mi mayor temor es que Musharraf consiga de alguna forma u otra mantenerse en el poder, lo que perpetuaría la presente situación de inestabilidad. Pakistán necesita un gobierno percibido como legítimo por la mayoría de la población, que pueda así afrontar los enormes desafíos que tiene planteados el país.
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