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9 de noviembre 2007 - 00:00

Polémica por fondos de campaña en EE.UU.

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Rudolph Giuliani, el popular ex alcalde de Nueva York, recibió el apoyo del líder evangélico Pat Robertson a su postulación presidencial.
El sistema de financiación de campaña presidencial de Estados Unidos generado por el escándalo de Watergate está al borde del colapso, con el golpe de gracia dado por los demócratas, que durante mucho tiempo exaltaron los controles sobre las donaciones políticas.

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Los demócratas Hillary Clinton y Barack Obama se han sumado a republicanos como el ex alcalde de Nueva York, Rudy Giuliani, en rechazar subsidios federales. En cambio, están recaudando millones de ejecutivos de empresas y partidarios ricos, lo que amenaza con convertir la elección de 2008 en la primera desde que Richard Nixon ganó su segundo mandato en 1972 en la cual los candidatos de ambos partidos habrán sido financiados completamente por fuentes privadas.

  • Poder lobbysta

  • La falta de financiación pública magnificará el poder de los lobbystas y otros donantes con buenas conexiones que recaudan y «empaquetan» donaciones de su familia, amigos y socios.

    Además de realzar la influencia de los recaudadores de fondos en Washington, los partidarios de límites para la campaña dicen que ello puede plantar las semillas de otro escándalo masivo como Watergate, que provocó la dimisión de Nixon y sacudió la confianza de los ciudadanos en su gobierno por una generación.

    «La cantidad de dinero que se está recaudando en este ciclo suscita el espectro de la presidencia que vuelve a la mesa de subastas»', dice Meredith McGehee, directora de política del Campaign Legal Center, un grupo de Washington que favorece los límites a las donaciones políticas.

    El sistema actual data de 1974, cuando los informes de fondos secretos para usar en propaganda de desprestigio contra oponentes y actividades ilegales solventadas por el comité de reelección de Nixon llevaron al Congreso dominado por los demócratas a reescribir las reglas de financiación de las campañas presidenciales. Las reglas establecían un sistema que les permitía a los contribuyentes indicar en sus formularios de reembolso impositivo para hacer un aporte al sistema de financiación pública. El gobierno usa el dinero para igualar el aporte de los primeros u$s 250 de cada donación individual para el candidato que acuerde limitar su gasto. El límite del gasto para la elección de 2008 es u$s 50 millones para las primarias, de los cuales u$s 21 millones pueden provenir de fondos públicos.

    Hasta 2004, sólo tres candidatos presidenciales rechazaron el dinero público y los límites al gasto vinculados con él: los republicanos John Connally, Steve Forbes -dos veces-y George W. Bush. En la última campaña presidencial, los demócratas John Kerry y Howard Dean se sumaron a Bush en rechazar el subsidio a la campaña para las primarias.

    Esta vez, el ex senador por Carolina del Norte-John Edwards, demócrata, es el único candidato importante en decir que aceptará dinero público; el senador por Arizona John McCain, republicano, también puede hacerlo. Ambos están muy rezagados de sus rivales en la recaudación de fondos.

    Sus rivales, entretanto, están aportando una cantidad ilimitada de efectivo de fuentes privadas en vez de aceptar límites al gasto. Libres de estas restricciones, los candidatos recaudaron u$s 377,5 millones en donaciones hasta el 30 de setiembre inclusive, más del doble de los u$s 176,1 millones durante el mismo período cuatro años atrás, muestran cifras de la Comisión Federal de Elecciones. Clinton y Obama recaudaron alrededor de u$s 79 millones cada uno.

    «Èl principal resultado de un sistema de financiación pública es una carrera armamentística de recaudación de fondos», dice el ex presidente de la Comisión Federal de Elecciones Michael Toner, un republicano que ahora trabaja para la campaña del ex senador de Tennessee Fred Thompson.

    Los demócratas que renuncian a los subsidios dicen que hacerlo es amargo pero es una medida necesaria para competir con rivales mejor financiados. Obama, de 46 años, ha rechazado donaciones de lobbystas federales registrados y comités de acción política. Al mismo tiempo, se ha rehusado a limitar su gasto primario y ya está recaudando fondos para una campaña de elecciones generales.

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