De hecho, unos 40 tanqueros siguen esperando anclados frente a las costas del quinto exportador mundial de crudo, donde la huelga de muchos empleados de la estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA) ha practicamente paralizado a la empresa.
La medida de fuerza había impedido hasta ahora las ventas de petróleo en el exterior, que representan 80% de los ingresos totales por exportaciones del país. Asimismo, la producción de crudo se había reducido a un tercio por problemas de almacenamiento y las actividades de refinación eran mínimas. PDVSA, una de las mayores petroleras del mundo, se vio forzada la semana pasada a declarar «fuerza mayor», una medida que busca evitar ser demandada por sus clientes en caso de incumplimiento de contratos de suministro.
Chávez está tratando de normalizar las operaciones de PDVSA, que asegura está siendo «saboteada», y en medidas previas mandó tropas a asumir el control de algunas plantas distribuidoras de gasolina y a reforzar la vigilancia de todas las sedes de la empresa.
También ordenó a militares abordar dos buques, uno con gasolina y otro con gas natural licuado, para tratar de que los marinos rebeldes desistan del paro. Incluso ha dicho que pondrá a otras tripulaciones para que comiencen a nave-gar. Aunque muchas estaciones de servicio fueron abastecidas, en la última jornada persistían las filas de vehículos en diferentes estaciones del país ante temores de que pueda haber nuevos problemas de suministro.
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