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23 de noviembre 2007 - 00:00

Proceso marcado por las torpezas

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Bogotá - La exclusión del presidente venezolano, Hugo Chávez, como mediador para un canje de rehenes en Colombia fue el epílogo de una historia de desencuentros que, en su origen, incubó la molestia del gobierno colombiano por haberle creado una tribuna política a la guerrilla de las FARC.

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«Es el punto culminante de una serie de roces y desaires» entre Chávez y su homólogo colombiano, Alvaro Uribe, que representan «modelos políticos y económicos antagónicos», dijo Vicente Torrijos, del Centro de Estudios Internacionales de la Universidad del Rosario.

Uribe puso fin a la mediación rechazando una llamada telefónica que Chávez realizó el miércoles al jefe del ejército colombiano, general Mario Montoya, para interrogarlo sobre los secuestrados de las FARC, a instancias de la senadora colombiana Piedad Córdoba, facilitadora del canje.

La participación de Chávez en la búsqueda del intercambio de 45 rehenes por 500 rebeldes presos fue solicitada por Bogotá y se formalizó el 31 de agosto. Pero el incidente con Montoya, que la senadora soslayó indicando que fue una llamada casual, no fue el único durante esos casi tres meses de facilitación.

Poco después de dar el aval, Uribe denunció que las FARC no estaban interesadas en liberar a los cautivos sino que buscaban aprovecharse de la mediación para recuperar espacio político.

Luego se opuso a que Chávez se reuniera con delegados de la guerrilla en Colombia y reclamó por no haber sido informado con anterioridad de la cita entre su colega e Iván Márquez, miembro de la cúpula de las FARC, el 8 de noviembre en la presidencia venezolana.

Asimismo, el martes, sugiriendo que se estaba por llenar la copa, advirtió que daría por terminada la mediación si antes del 31 de diciembre no había una fórmula para la liberación de los rehenes.

Ese día Chávez se había reunido en París con su homólogo francés, Nicolas Sarkozy, interesado en la liberación de la ex candidata presidencial francocolombiana Ingrid Betancourt, de quien las FARC prometieron dar pruebas de vida antes de finalizar el año.

  • Infidencia

    Uribe dio a entender, además, que Chávez había tergiversado y cometido una infidencia al revelar su disposición a reunirse con el líder de las FARC, Manuel Marulanda («Tirofijo»). «El gobierno estaba preparando las condiciones para una eventual retirada, por eso todo se fue dando de esa manera», señaló Fernando Giraldo, ex director de Ciencias Políticas de la Universidad Javeriana. Giraldo añadió que Uribe quiere recuperar el control sobre el canje, y aprovecha que Chávez «no fue lo suficientemente delicado».

    «Si el mediador no observa los principios de discreción, comunicación oportuna entre las partes, imparcialidad, y sobre todo no intromisión en los asuntos internos, debilita la confianza y la mediación fracasa», indicó Torrijos.

    Lázaro Viveros, consejero de paz del gobierno de Andrés Pastrana (1998-2002), opinó que el desenlace era previsible. «Se veía venir, hubiera sido otra la excusa, pero tarde o temprano se habría llegado al mismo punto», dijo.

    Viveros estimó que en el fondo del problema está la negativa de Uribe a satisfacer la exigencia guerrillera de retirar las tropas de dos municipios para negociar, lo que según la internacionalista Laura Gil «habría sido menos costoso».

    «Con el despeje militar se habría solucionado esto desde hace mucho rato», afirmó el ex consejero.
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