Los dos oficiales de la Policía entraron a la sucursal bancaria, después de que el gerente del banco abriera una de las puertas.
Poco después, Caldero y Cartagena salieron acompañados del desconocido, a quien colocaron una máscara negra en el rostro.
Cartagena informó de que el delincuente les dijo que pretendía conseguir 50.000 dólares para pagar una deuda de drogas.
A continuación, las cuatro personas que eran mantenidas como rehenes, dos mujeres y dos hombres, entre ellos el gerente del banco, salieron del lugar.
Tres mujeres, al parecer empleadas del banco, fueron liberadas y conducidas a un hospital poco después de que comenzara el secuestro.
La sucursal del banco se encuentra en las inmediaciones de San Juan y permanecía rodeada por divisiones de la Policía y agentes de la Oficina Federal de Investigación (FBI), mientras un numeroso grupo de personas seguían el desarrollo del frustrado atraco.
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