La gobernadora
de Rio,
Rosinha
Matheus; su
marido, el
caudillo carioca
Anthony
Garotinho, y la
hija de ambos,
ayer junto al
candidato
socialdemócrata
brasileño
Geraldo
Alckmin. La
alianza
provocó una
polémica que
parece favorecer
al presidente
brasileño
Lula da Silva.
Rio de Janeiro (ANSA, AFP, Reuters) - El opositor Geraldo Alckmin, que el domingo 29 de octubre disputará un ballottage con el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, provocó ayer un fuerte cimbronazo en su propia campaña al aceptar el respaldo de un polémico caudillo de Rio de Janeiro, Anthony Garotinho, que le causó la pérdida de dos aliados valiosos.
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Alckmin perdió así el respaldo de dos figuras clave de la política carioca para enfrentar a Lula da Silva: el alcalde de Rio de Janeiro, Cesar Maia, y la candidata al segundo turno para la gobernación del estado, Denise Frossard.
Se trata de dos bajas severa para la campaña de Alckmin, ex gobernador de San Pablo, ya que en Rio de Janeiro el presidente obtuvo el último domingo una gran diferencia a su favor, que podría ampliarse en la segunda vuelta.
Como si eso fuera poco, si Lula logra detener la sangría de votos de los últimos días de la campaña para la primera vuelta, le bastaría que algo menos de 1,5 millón de electores vote en blanco el 29 para asegurar su reelección.
Tanto Maia, del Partido del Frente Liberal (PFL, aliado nacional del Partido de la Social Democracia Brasileña de Alckmin), como Frossard, del Popular Socialista (PPS), son acérrimos opositores de Lula da Silva, pero lo son aun más de Garotinho.
«Cuando un político va en dirección que no es la de su elector, que vaya solo», dijo el alcalde Maia.
Recordó que Alckmin obtuvo muchos votos en la ciudad de Rio, donde, a su juicio, Garotinho es muy impopular por las denuncias de corrupción que enfrenta.
«Se acabó la fuerza del discurso ético de la candidatura de Alckmin en Rio de Janeiro. El elector va a decir: 'Es como dice Lula, son todos iguales'», agregó.
Por su parte, Frossard dijo que no puede aceptar el acercamiento entre Alckmin y Garotinho, y reveló que anulará su voto presidencial en el segundo turno, porque ya no puede votar a su antiguo aliado.
Ex gobernador del estado y ex candidato presidencial en 2002, cuando recibió más de 10 millones de votos, Garotinho y su mujer, Rosinha Matheus, actual gobernadora de Rio, expresaron su apoyo al candidato socialdemócrata.
Garotinho fue procesado por presuntodesvío de dinero público a organizaciones no gubernamentales de amigos, por haber beneficiado a una mafia de combustibles, por haber desviado recursos de un fondo de pensiones público y por haber comprado votos.
Intentó sin éxito lanzar una candidaturapresidencial del PMDB, el mayor partidopolítico de Brasil, que prefirió reforzarsu presencia en los estados y en el Congreso, donde tendrá la mayor bancada en la Cámara de Diputados.
Huelga de hambre
Garotinho, que tiene apoyo dentro de la comunidad evangélica brasileña, influyente y numerosa, es tildado además de demagogo y meses atrás realizó una huelga de hambre contra la prensa, a la que acusó de calumniarlo.
Alckmin negó ayer que el apoyo de Garotinho pueda hacerle perder votos. «Eso es una bobada. Mis compromisos no cambiaron nada. Garotinho apoyó a Lula en 1989, 1994 y 2002, cuando tuvo 6 millones de votos en Rio», afirmó.
Por si los problemas de Alckmin en el tercer distrito electoral de Brasil fueran pocos, su movida le facilitó a Lula da Silva cerrar una alianza con el otro candidato a la gobernación de Rio de Janeiro, Sergio Cabral, del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), que enfrentará a Frossard.
Cabral forjó su candidatura con el apoyo de Garotinho, pero en el segundo turno decidió aliarse a Lula da Silva, que hoy visitará Rio para formalizar el entendimiento.
En tanto, el socialdemócrata aseguró ayer a «Folha de Sao Paulo» que «estoy la izquierda (de Lula) en el aprecio por la democracia y en la cuestión económica, mi agenda será de crecimiento».
El candidato, de 53 años, añadió que «la economía debió ser más ortodoxa» en los últimos cuatro años porque Lula «dijo durante 25 años una cosa, pero hizo otra totalmente diferente».
«Ellos (los miembros del gobierno) fueron ultraconservadores, en ese sentido, más a la derecha, a causa del 'costo PT'», que antes de llegar al poder defendía la economía estatal y proponía una auditoría de la deuda externa, dijo Alckmin.